maratón de poesía
Maratón de Poesía en CCMOCA
Sábado 14 de noviembre
18 hs
Carolina Esses
Jorge Estrella
Gustavo Goddfried
Silvia Jurovietsky
Verónica Laurino
20 hs
Carlos Dariel
Consuelo Fraga
Nurit Kasztelain
Thiago Rocca
Ezequiel Zaidenwerg
Domingo 15 de noviembre
18 hs
Carlos Ardohain
Esteban Charpentier
María Julia Magistratti
Elba Serafini
Verónica Viola Fisher
20 hs
Gerardo Curiá
Gabriela Franco
Marcelo Leites
Valeria Meiller
Liliana Ponce
Centro Cultural MOCA
Av. Montes de Oca 169
Coordinan: Florencia Walfisch – Ana Lafferranderie
sex o no sex
Apretar el ombligo como una tecla
hace caer toda la vestimenta
y el cuerpo está listo para su función
el dedo dentro de la boca asegura el silencio
entre los dientes y la lengua decidirán
el dedo en la oreja quiere llegar al cerebro
por el camino más sinuoso, otro dedo
lo intenta por la nariz con mayores
probabilidades de éxito, el centro
del placer queda lejos de la frente,
pero nunca se sabe, el dedo en la vagina
pide tibieza y humedad y le serán dados
la vagina pide otro dedo, el dedo en el ano
pide seriedad y firmeza y el ano recién
empieza a saber lo que es bueno
en este escenario digital y privado
derramamos fluidos secretamos
nuestro olor animal sobre la piel ajena
señalamos siempre en la dirección
del deseo somos como nubes
oscuras hinchadas de electricidad
en la fatuidad festiva del sexo
resaca
Abrió los ojos y no vio nada, todo era oscuridad. No se movió, esperaba que le subiera el entendimiento pero no sucedió, entonces se incorporó como pudo. Tratando de alertar los sentidos olisqueó el aire, lo encontró dulzón, espeso y salvaje, un poco acre. Le llegó al oído el sonido zumbón de las moscas. El cuerpo pesado se le desparramaba sobre los huesos como un abrigo empapado de sudores. Un dolor penetrante le empezó a latir en los costados de la cabeza y la boca seca y pastosa le reclamó agua. De a poco empezó a arrastrar los pies descalzos con la cautela de la palma de la mano de un ciego que estuviera tanteando una superficie desconocida. Otro olor le llegó, mixto: vino y vómito. Y el olor trajo una imagen súbita que se apagó como un relámpago: él y el otro a la noche, vaciando una botella, riendo a gritos. Se detuvo, giró a cabeza en redondo y achinó los ojos pero seguía sin ver nada. Volvió a moverse dando imperceptibles saltitos con la planta de los pies para ir reconociendo el suelo rugoso y mugriento que no podía ver. Otra imagen como ráfaga: él y el otro vaciando una nueva botella, las risas apagadas, un brillo en su mirada torva, palabras que se enredaban en el silencio. El pie derecho toca algo que no es sólido, una sustancia viscosa lo asquea, pero avanza igual y pisa el charco. Entiende enseguida de qué se trata y el líquido pegajoso le hace estallar otra imagen en el cerebro: él y el otro discutiendo después de vaciar otra botella, trenzándose poseídos por una fiereza animal. Avanza también el otro pie con torpeza para no desestabilizar el cuerpo y ya está con ambos pies sobre el charco. Una corriente de pavor le sube por las piernas a la velocidad de la luz; se ve a sí mismo rompiendo una botella contra la silla y clavando el pico en el pecho del otro al que le estallan los ojos de asombro y cae. Se recuerda vagamente retirándose a un rincón y sentándose en el piso con la cabeza turbada. De seguro se ha dormido, de seguro han pasado horas y el muerto se ha desangrado. Quiere alejarse, que lo que pasó no haya pasado, gira bruscamente y da un paso inesperadamente enérgico sobre la sangre que lo hace resbalar, el otro pie intenta sostener pero el cuerpo se ha inclinado demasiado y no lo consigue, tiembla un segundo en el aire viciado del rancho, no le sale gritar, cae pesadamente de espaldas sobre el culo de la botella rota que lo espera con sus filosas estalagmitas de vidrio barato, una boca hambrienta, una trampa que él mismo preparó. Siente entrar los vidrios en la carne, siente cómo se le empieza a derramar la sangre debajo del torso, sabe que se mezclará con la del otro y no le gusta. Sentir la camisa mojada le recuerda la sed, respira con dificultad, piensa que se apaga y le parece raro apagarse en lo oscuro. Una mosca se posa en su cara y le empieza a caminar por la mejilla, no puede ni soplarla.
di vi siones
El día y la hora en que sentí que por fin estaba listo
tracé una línea sobre el mundo con un pincel
con un puñal con un canto de moneda
y ubiqué de un lado a los saciados los hartos
y del otro a todos los que padecen hambre y privación
pero el mundo alteró peligrosamente su forma
entonces decidí borrar la línea y trazar otra
en una dirección diferente y puse de un lado
a los magnánimos y del otro a los que aman
solamente el dinero, pero así el mundo se convirtió
en un mercado gigantesco, volví a borrar la línea
y recordé que las curvas tienden más a la armonía
entonces dibujé un enorme círculo y puse dentro de él
a todos los adultos y afuera, rodeándolo, a los niños
los bebés, los ancianos, pero tampoco dio resultado
porque a la noche los adultos aullaban, gritaban y gemían
y no dejaban dormir a nadie dentro del círculo ni fuera de él
de modo que volví a la línea recta, y de un lado ubiqué
a los vivos y a los que no nacieron todavía y del otro
a los muertos y a los fantasmas y a los recuerdos
de sus seres queridos, y se formó una cortina de humo
entre un lado y otro y era como una nube de color rojo
y me produjo un hondo desasosiego y también borré esa línea
decidí hacer círculos concéntricos y en cada uno escribir
un nombre diferente elegido al azar y armar varios grupos
de círculos hasta que me cansara o quedara mareado
y se armaron familias inefables y remolinos y pequeños tornados
y un dibujo lindo de ver y un vértigo, un efecto de arte cinético
pero me aburrí rápido de esa efervescencia y borré todas las líneas
y esparcí los puntos en el espacio al azar y formé constelaciones
y me arrojé al agua densa y oscura sin saber nadar
y aún así flotaba y me sumergía y era divertido aunque inquietante
y cerré los ojos y dejé de lado tantas cosas que antes parecían
primordiales y no lo eran en modo alguno y me abandoné
y me dejé ir y respiré cada vez más despacio y profundo
y fui cayendo en mí entrando en mí subiendo a mí así como
si yo ya hubiera estado ahí aquí en mí antes y después y siempre
kusho

Un círculo es un camino
que regresa al mismo lugar
después de una parábola perfecta
Yo quería que mi vida fuera así
pero ningún dibujo se parece a otro
y todo tiende hacia la nada.
fotografía de shinichi maruyama
collage

la letra A parece y ya
se sabe: primero viene la letra
después la palabra
hay un sol negro debajo de los techos
hay un agujero donde debería estar el sol
una nube rosada sobrevuela un cartel
horizontal vertical escandalosamente axial
adónde va la tensión con tanta ortogonal
el ruido blanco que rodea las formas
se parece al silencio
el sol negro como un agujero invertido
hace girar a todas las formas en su lógica
de eclipse, si yo supiera cuánto frío
traerá su ausencia ni siquiera
lo diría, el trazo sobre el papel
el papel sobre papel, la huella
que recuerda el gesto
alimentan y conforman el paisaje
lo he tocado tanto que no necesito verlo
lo he tocado como si fuera ciego
con ganas de olerlo de llevarlo a la boca
de desarmarlo y hacerlo de nuevo
s t
Te aterra
el final de todas las cosas que más amas
la música ayuda pero no, a veces es peor
huir
no aplaza los acontecimientos no anula el error
la poesía sirve pero no, a veces es lo mismo
morir
no parece una salida no redime del dolor
no es más que un velo más en la misma trama.
revista narrativas

salió el número 15 de la revista narrativas, en el que publicaron mi cuento La vida sucia.
Para bajar el pdf hacer clik acá.
umbral
Golpeando las puertas del silencio
sé lo que hay del otro lado
mis golpes no suenan
nadie va a oir, nadie abrirá
pero no puedo dejar de golpear
al otro lado del espejo

Salió el número uno de la revista de relatos y cuentos Al otro lado del espejo. La verdad es que la revista está estupenda, tiene un diseño muy cuidado y tuvieron la gentileza de publicarme un microrrelato.
El link para entrar al blog y bajarse el número de la revista en pdf, acá.
pensar en A.
Las huellas del suceso como surcos
en el alma de los deudos
trazos o líneas de fuga
de una luctuosidad intolerable
el eco del gesto que proveyó
la soga para atar el aire
la cruz empuñada la familia rota
lo que da y lo que quita al mismo tiempo
como el gesto de un brazo amputado
la herida que no cierra pero ha cesado
de sangrar
corazones dañados por la ausencia
atados con dolor a su destino
trunco.
entre nos
quisiera romper este silencio lato
decirte que no me mires como a un cuadro
con esa absorta interrogación
que se le dedica a los objetos
misteriosos, sí, pero vacíos
ya que guardan su secreto a la vista
en la superficie del riesgo
esta vanidad de la postergación
no merece tanta pompa
entre vos y yo el abandono de las formas
quisiera decirte una palabra
en la que cada sílaba fuera una piedra para pisar
atravesando la corriente
una palabra larga que despliegue nuestros pasos
a medida que hablamos el camino
una palabra que nos haga cosquillas
en el medio de las certezas
entre vos y yo la circunvolución del deseo
bucólico

El árbol tumbado
de tronco trunco
absorbe la mirada del gnomo inerte
que le suplica silencio
los colores del bosque saturan
una imaginación demasiado fértil
rojo amarillo verde
hongos flores follaje
proliferación
de líneas curvas
hojas secas humedad perenne
no lo puedo soportar
me tumbo en el piso
y miro el cielo
cubierto de nubes grises
escucho los pasos del gnomo
que se va
el amor sabe
La golosina que ella siempre tenía en su cartera surgió casi de casualidad. Esa noche que él estaba tan cansado y los escarceos del amor se demoraban en sinuosidades temporales que siempre amagaban terminar con él dormido. Ella decidió apurar el ritmo y le salió a pedir de boca, pero antes de lo previsto él se derramó contundente y suspirante y al fin terminó durmiéndose del todo.
Ella quedó con el regalo en la boca y lo depositó en unos pañuelos descartables que había en la mesita de noche, prolija como era los dobló varias veces sobre sí mismos para evitar el viaje al baño hasta el otro día, y se durmió también. A la mañana siguiente, después de la ducha y el desayuno, antes de salir a la calle, vio los pañuelos doblados y los guardó en su cartera. En el colectivo los dobló un poco más haciendo casi un paquetito del tamaño de un chicle bazooka, le sorprendió que hubiera todavía una humedad residual en el pringote. Al rato, distraída se puso a juguetear con el bollito y absorta en mirar por la ventanilla se lo llevó a la boca y lo empezó a chupetear, cuando se ablandó por el contacto con su saliva lo mordisqueó un poquito y recién ahí, al sentir el gusto agridulce y salvaje comprendió lo que estaba haciendo. Le gustó. Desde entonces comenzó a guardar el semen de él de esa forma y siempre contaba con un caramelo fresco en la cartera. Con el tiempo empezó a manipular el sabor preparando una dieta diferente, verduras y hortalizas, pescados y frutas conseguían resultados asombrosos en el gusto. Evitaban el alcohol pero el chocolate era primordial, el ingrediente de lujo.
Su caramelito terminaba mordisqueado como una goma de mascar muy usada y seco y blanquísimo como una piedra de talco. Después no los tiraba, empezó a guardarlos en un frasco en que pegó una foto de él desnudo, a modo de etiqueta.
Había otra cosa además, algo que se fue manifestando en forma paulatina. Cuando estaba chupando el papel siempre tenía imágenes de él, lo veía en situaciones distintas, era una ensoñación amorosa, fronteriza entre la conciencia y un estado hipnótico. Creía que era resultado de su imaginación, pero algunas imágenes o escenas que se le aparecieron las reconoció como reales o verdaderas, ella sabía que habían ocurrido. De otras no tenía certeza, pero al preguntarle por ellas comprobó que sí, todo lo que veía en ese arrobamiento era real, no era una creación de su mente. Le pareció lógico, las secreciones están cargadas de información, hormonas, enzimas, aminoácidos, codigo genético, que ella fuera capaz de descifrar o leer esos datos era una especie de poder. Se enteró de cosas que no sabía, que él no le había contado. Al poco tiempo dejó de tener secretos para ella. Perdió espesor, y por consiguiente también misterio. Él era reservado con algunos de los aspectos de su vida pero ella tomó su intimidad por asalto de la manera más inocente y casual, por inesperada. Así fue como de a poco él fue perdiendo también todo interés para ella. Quedó consumido como un caramelito más, como un chicle seco. Se separaron y nunca más se vieron. Ella puso su frasco en un estante especial de su biblioteca y preparó otro vacío que colocó al lado, como si fuera el comienzo de una colección.
eroticonda
No quiero abrir los ojos pero hay una orden interior, una voz que me obliga a hacerlo, me resisto sin embargo y por ahora logro mantenerlos cerrados.
No quiero perder este mundo puro de sensaciones. Este olor que me envuelve y me hace resbalar en las caricias húmedas, tibias, demoradas que doy en tu espalda, en tu lomo.
No puedo perder de vista mi respiración que aspira a tenerte completa, casi a comerte.
Te monto y siento tus movimientos espesos que vibran debajo de mi cuerpo. Tengo la sensación de estar a punto de alcanzar lo que nunca será, una experiencia circular que no se puede repetir, una inminencia latente, una sinuosidad en el aire.
No tengo más espacio entre tu cuerpo y el mío, no alcanzo a rodearte con mis brazos, estoy adentro y afuera al mismo tiempo, ocurre una simultaneidad imposible que es como un pliegue en el tiempo, te siento venir cuando te estás yendo, te siento irte cuando te acercás, tus músculos vibran como aros cilíndricos, como olas en la orilla de la piel, como espuma recién formada.
Entro en tu cuerpo caliente y sedoso, siento palpitar las mucosas alrededor de mi carne, el sonido de nuestra fricción parece un chapoteo viscoso, un crepitar de aceite, un crujir de algas debajo del agua. Amenazo con desbordar, con romper la presa, con inundarte, pero sofoco el estallido un poco más. Ciega catarata amordazada que empuja la marea, me pliego, me arrugo, me expando, me sublevo, me apuntalo, me proyecto como un rayo.
Siento aumentar la ronquera de tu respiración, recibo el aire caliente que exhalas en mi cara, percibo el olor dulce y agreste de tu aliento que hacen abrirse más y más las ventanas de mi nariz y como un movimiento reflejo una apertura contagia a la otra y por fin se abren mis ojos sin que yo me dé ni siquiera cuenta, es una relajación extrema de todas las resistencias, siento que ya no vale ni sirve ni se puede contener nada, en el momento final abro los ojos y veo como una aparición la forma cilíndrica, la gigantesca oruga verde de piel gelatinosa que me mira amorosa con su único ojo y su enorme boca abierta en la que brillan afiladísimos dientes acercándose a mi cara con indisimulables intenciones de devorarme de una buena y bendita vez.
binario
Siempre lo mismo
ahora no ahora sí
necesidad o compensación
causa o defecto
salto casilleros llego al cielo
pero no puedo
mentir no quiero
seguir
así como así
el otro lado del espejo
el fondo del pozo
al alcance de las manos
si me doy vuelta de pronto
sorprendo a mi sombra
intentando huir
atándose en el viento
ahora sí ahora no
quien podrá decir lo mismo
de mí
quien podrá
ser otro distinto
que entienda qué significa
ser uno como yo
doble o sencillo
amor o dolor
aquí o ahora
quemo etapas llego a la meta
pero no hay final
no hay amor sin vos
sin dos
no hay pena no hay amor
no hay nada
más que un hombre
y su doble
o su sombra
siempre lo mismo.
fútil
¿qué he sido? funámbulo fugaz
equilibrista frustrado herido de muerte
casi muerto por asfixia provocada
por exceso de sonido efésico
enfermo de simetría
sojuzgando la presencia altanera
de la rima en demasía
jinete intermitente de la suerte
ángel vespertino de una sola ala
volando en círculos alrededor
del ojo del volcán de la boca
ciega de la caverna
contemplador empedernido
de la belleza que no está
que ya se ha ido



