Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008.
Resumen
- 02/07/2008 13:37 - ojo voraz
- 04/07/2008 13:26 - cíclope
- 04/07/2008 16:43 - te miro
- 05/07/2008 12:34 - antes
- 06/07/2008 02:06 - psicomagia
- 06/07/2008 13:37 - languidez
- 07/07/2008 10:50 - sueño o pesadilla
- 07/07/2008 19:55 - la caja que no guarda nada
- 08/07/2008 11:21 - procedimiento
- 10/07/2008 14:25 - fútil
- 11/07/2008 14:18 - eroticonda
- 12/07/2008 13:36 - nadie
- 13/07/2008 17:12 - humpty dumpty
- 14/07/2008 20:39 - él
- 15/07/2008 13:08 - balbuceo
- 19/07/2008 15:15 - todos los fuegos
- 19/07/2008 19:38 - color local
- 22/07/2008 13:11 - notas para un encuentro fortuito
- 23/07/2008 10:42 - candombe
- 24/07/2008 09:11 - de una vez
- 25/07/2008 10:21 - ser circense
- 26/07/2008 13:59 - textual
- 28/07/2008 11:12 - viejo poema viejo
- 28/07/2008 20:45 - otra onda
- 29/07/2008 19:31 - escrito a mano
- 30/07/2008 21:50 - mutaciones
ojo voraz

Ahora soy tuerto.
Tenía dos ojos, uno clásico y el otro romántico. Tenía resuelto así el problema de mi dualidad estética, uno se maravillaba con la armonía de la creación, con las proporciones de la belleza, y el otro se inflamaba con la exaltación de la luz, con el misterio de la sombra, se dejaba llevar por el torrente de la pasión. Tenía dos y a veces no me bastaban, a veces no alcanzaban para beberse el mundo.
Ahora soy cojo de un ojo.
Pasó que andaba yo por la calle cuando pasó una mujer inolvidable en dirección contraria, una belleza de otra clase, una aparición instantánea, bastó verla y mi ojo saltó de su cuenca para irse tras ella, un poco lo entiendo, habrá sentido que era una ocasión única, la mirada de su vida. Yo me di vuelta para ver con lo que me quedaba lo que se me iba, la ninfa y la vista. La diosa perseguida por el globito saltarín. Pero al llegar a la esquina, cuando ella cruzó la calle, mi ojo dio por terminada su aventura y tomó el camino de regreso, yo lo veía venir con mi clásica mirada reprobatoria, saltaba por la vereda en dirección a mí, juraría que traía un aire orondo, satisfecho de sí mismo, orgulloso de su escapada, parecía un poco distraído en sus ensoñaciones.
Fue entonces cuando quien lo miró a él fue el perro que vive en la vereda de la cuadra, le llamó la atención su vuelo regular, debe haberlo confundido con un insecto zumbón, se le erizaron los pelos del lomo, se afirmó en sus cuatro patas, frunció el ceño y aguzó el olfato, calculó la parábola y cuando el ojo dio su último pique en el suelo y alzaba vuelo a tres metros de mi cuenca vacía, el perro abrió la boca, dio un pequeño saltito y se lo comió.
Ahora soy tuerto, luzco un elegante parche de cuero negro.
A ese perro le veo mala entraña, pero guardo hacia él un lejano sentimiento de parentesco.
ilustración: foto de Roland Topor
te miro
Te miro de costado, con un solo ojo
como si hubiera sido herido por un rayo
como se mira a los que detentan el poder
como planeando una traición que nunca llega
te miro como puede mirar un pez
como se mira el atardecer desde la ventanilla de un tren
te miro irte cuando parecés venir
desde lo alto, desde lo bajo, forzando tensiones
se trata, apenas, de que no me gusta la simetría
mi parte caracol avanza dejando un rastro brillante
mi otra parte sigue el rastro sin pretender alcanzar a nadie,
ni siquiera a mí, ni siquiera a la porción
del mundo que veo con mi único ojo abierto
el otro ojo no descansa, tiene adjudicada la tarea
de mirar hacia adentro.
antes
Antes te miraba con un solo ojo
ahora te hablo con la voz del silencio
y ni siquiera es silencio
es lenguaje invertido, dicho al revés
aspirado como contracara del verbo
que no quiere ir hacia vos
que me alimenta de palabras que no oirás
pero se concibieron en tu jugo
criaturas nonatas de sonido y aire
que devoro como a fantasmas
mientras el tiempo nos aleja.
sueño o pesadilla
Hoy me dí cuenta de que por la noche había muerto sin darme cuenta. Quien despertó por la mañana no era yo, era otro. Fue como si yo mismo hubiera hundido un puñal en mi corazón para anidarme en el charco de sangre que crecía debajo de mi cuerpo y encapullarme en él durante nueve lunas, durante nueve muertes más, para así enlarvado en mí mismo madurar en mi jugo hasta estar listo.
Oh el amor, el amor, tan dulce, tan perimido en sus formas y sin embargo tan eficaz para herir con el beneplácito de la víctima. Tan embriagante y conquistador. Siempre con la prensa de su lado. El amor.
No quiero estar listo. No quiero vivir más allá de la muerte. Quiero morir ahora, quiero morir antes de haber muerto, si ya morí no me importaría hacerlo de nuevo, no puede doler, no puede ser lo mismo dos veces, morir no puede matar tanto.
la caja que no guarda nada

Cierro los ojos
y me meto en la caja
que no guarda nada
más que aire y pasto
la caja de forma rara
que parece el patio
de una cárcel de vacas
la caja empalizada
que parece un campo
de juego pampeano
un prado cubista
una forma de estudiar
el comportamiento
de la sombra
si yo fuera el autor
haría llover ahí
para nada, para oler
el pasto mojado
para saber
cómo suena el agua
al caer
para creerme japonés
para pintar
sin necesidad de pincel
para lavar el aire.
Abro los ojos
y dejo
que pegue el sol
para mirar al sesgo
y ver subir el vapor
para ver moverse
la sombra
para ver cómo cambia
todo
cuando no pasa
nada
dentro de la caja
parece afuera
para salir
hay que ir
hacia arriba.
imagen: Pasto, óleo de Magda Banach
procedimiento
Tomar el número ocho
y rotarlo noventa grados
hasta que quede en posición horizontal
acercarlo a los ojos para mirar
el futuro a través de él
así proceden a veces las serpientes
para dejar atrás su vieja piel.
(gracias, Ojo de oro)
fútil
¿qué he sido? funámbulo fugaz
equilibrista frustrado herido de muerte
casi muerto por asfixia provocada
por exceso de sonido efésico
enfermo de simetría
sojuzgando la presencia altanera
de la rima en demasía
jinete intermitente de la suerte
ángel vespertino de una sola ala
volando en círculos alrededor
del ojo del volcán de la boca
ciega de la caverna
contemplador empedernido
de la belleza que no está
que ya se ha ido
eroticonda
No quiero abrir los ojos pero hay una orden interior, una voz que me obliga a hacerlo, me resisto sin embargo y por ahora logro mantenerlos cerrados.
No quiero perder este mundo puro de sensaciones. Este olor que me envuelve y me hace resbalar en las caricias húmedas, tibias, demoradas que doy en tu espalda, en tu lomo.
No puedo perder de vista mi respiración que aspira a tenerte completa, casi a comerte.
Te monto y siento tus movimientos espesos que vibran debajo de mi cuerpo. Tengo la sensación de estar a punto de alcanzar lo que nunca será, una experiencia circular que no se puede repetir, una inminencia latente, una sinuosidad en el aire.
No tengo más espacio entre tu cuerpo y el mío, no alcanzo a rodearte con mis brazos, estoy adentro y afuera al mismo tiempo, ocurre una simultaneidad imposible que es como un pliegue en el tiempo, te siento venir cuando te estás yendo, te siento irte cuando te acercás, tus músculos vibran como aros cilíndricos, como olas en la orilla de la piel, como espuma recién formada.
Entro en tu cuerpo caliente y sedoso, siento palpitar las mucosas alrededor de mi carne, el sonido de nuestra fricción parece un chapoteo viscoso, un crepitar de aceite, un crujir de algas debajo del agua. Amenazo con desbordar, con romper la presa, con inundarte, pero sofoco el estallido un poco más. Ciega catarata amordazada que empuja la marea, me pliego, me arrugo, me expando, me sublevo, me apuntalo, me proyecto como un rayo.
Siento aumentar la ronquera de tu respiración, recibo el aire caliente que exhalas en mi cara, percibo el olor dulce y agreste de tu aliento que hacen abrirse más y más las ventanas de mi nariz y como un movimiento reflejo una apertura contagia a la otra y por fin se abren mis ojos sin que yo me dé ni siquiera cuenta, es una relajación extrema de todas las resistencias, siento que ya no vale ni sirve ni se puede contener nada, en el momento final abro los ojos y veo como una aparición la forma cilíndrica, la gigantesca oruga verde de piel gelatinosa que me mira amorosa con su único ojo y su enorme boca abierta en la que brillan afiladísimos dientes acercándose a mi cara con indisimulables intenciones de devorarme de una buena y bendita vez.
nadie
Nadie podría acusar al espejo
de traicionar identidades
para eso está la luz
que atestigua con su incidencia
la legitimidad del reflejo
nadie podría decir que la noche
peca de simetría, mejor llamarla
negativo, contracara del día
eso dicen de la palabra muerte
que tiene con la vida
un perverso isomorfismo
que crece con los siglos
nadie debería buscar el doble
en la cuna o en la tumba
para eso están los sueños
para eso está el azar la magia
la fotografía en blanco y negro
nadie tendría derecho a ser amado
si no fuera por sus miserias
pretender lo contrario sería
averiguación de antecedentes
el brillo de lo terso es lujo fácil
y atrae en especial a los vencidos
de antemano por su propio engaño
nadie podría ostentar la vida
si antes no ha muerto un par de veces
por tristeza por desamor o por hastío
de tanto estar vivo
humpty dumpty
Yo estaba sentado en lo alto como un enorme
huevo inestable en el borde del muro
vestido con mi elegante uniforme color caqui
tratando de saber si cinturón o corbata
mirando en el espejo mi habano dictatorial
dándoles falsas órdenes a todas las palabras
para enrollarlas en discursos ajenos
de un lado del muro la felicidad artificial
del otro la miseria calculada en porcentaje
en el medio mi oscilante figura oblonga
dividiendo el aire las aguas y la amenaza
de romper el cuento por la mitad de romper
el cascarón para evitar que nazca la moraleja
la leyenda madre de todos los pesares
mientras tanto pegaba vidrios con cemento
en la cornisa desplegaba rollos de alambre
de púas instalaba reflectores cada vez
más concentrado en los versos del poema
que todavía no estaba escrito en el papel
bamboleándome en el borde finísimo
del sentido, tambaleando en la cima de
la duda de elegir si profeta o crítico literario
siempre a punto de caer en el error en el
lugar común en la crónica policial en la muerte
cambiando de uniforme de bando a cada rato
cantando sin recordar la letra correcta contando
mentalmente todas las promesas del rey poniendo
una cara inobjetable de impenetrabilidad
al otro lado del espejo.
él

Imágenes de un extraño sueño:
me crucé con Hitler anciano
vestía bermudas y paseaba
por la playa con una tela
y una caja de acuarelas
sonreía debajo de su bigote
totalmente blanco y le decía
a todo aquel que quisiera oírlo:
“no soy peor, soy diferente”.
escultura: él, obra de Maurizio Cattelan
balbuceo
Padezco de lo que no conozco
dimensión sin estatura
a ciegas a tientas a locas
paso vacilante avanzo
a tontas al garete al tun tun
sangre sin carnadura
desbordo de corriente extrema
transcurrir es desovillar
amar arder abrir
todos los fuegos
Todos los fuegos se dirigen al mismo lugar
el centro donde se cruzan
el horizonte y el cielo
el punto donde confluyen
la memoria y el deseo
todos los fuegos dejan tras de sí
formas retorcidas temblando de dolor
transformación de la materia
belleza yerma
todos los fuegos comienzan alguna vez
en el punto de no retorno
donde el cuerpo conoce su límite
retórica de la ignición
todos los fuegos se consumen a sí mismos
desgarrando el aire con su lengua filosa
ávida de temblores en su halo
de brillo incomprensible
color local
Pintar un cuadro
con la sangre de Sánchez
de Rodríguez de López
escuchar un tango
en un aparato japonés
pintar un cuadro
con café con mate con té
sobre tela de mantel
acaso es color local
lo que te hace falta
la miseria fotografía
muy bien en blanco y negro
pintar un cuadro con carbón
escribir con cal sobre fondo
negro negro negro
hacer una cruz en el medio
con sangre de Pérez
de Giménez de López
qué cosa este país
cada día mata mejor
notas para un encuentro fortuito
Dormir arriba de un árbol cerca del cementerio. Al despertar a la mañana dejarse caer.
Quedarse a vivir como polizón dentro de un shopping.
Adoptarse a uno mismo y sacarse a pasear.
Pensar al revés (puede ser en japonés).
candombe

óleo sobre cartón, Pedro Figari
de una vez
Alguno de ustedes cualquiera de nosotros
sería capaz se atrevería a desarmar
de un golpe la insípida marea de los días
dar un salto abordar la magia por sorpresa
sería quizá una cosa conveniente
conocer los días del asesino posteriores
al crimen cuando el crimen perpetrado
fue cometido contra uno mismo
y el cadáver que cuelga de la soga
se balancea sonriente en el espejo del yo
no hay razón de ser no hay causa alguna
para este desamparo de la conciencia
esta geografía primigenia que espera ser hollada
la hora más feroz puede ser la más propicia
el eco sofocado del silencio puede todavía
hacer estallar el cristal de tu coraza
la luna del espejo la cáscara del cielo
para empezar a lograr que todo sea reverso
que se derrame en el mundo la sustancia del antimundo
y las cosas y la sombra de las cosas y la idea de las cosas
abandonen la apariencia de ser y sean en el todo
de una vez
ser circense
El enano más grande del mundo
fue construido a pedazos
de madera terciada
armable y desarmable
fácil de transportar
dormía detrás de un ropero
beneficiado por la oscuridad
y el olor rancio de los rincones
para inventariarlo sería
preciso decir que ostentaba
su atractivo en un solo perfil
un ojo eficaz y el otro no
oculto detrás de un monóculo
sus piernas contrahechas bien
afirmadas en el suelo que le tocara
llevaba el cerebro fuera del casco
en clara muestra de desaforación
un brazo colgando detrás
del ancho tronco donde el corazón
tomaba el mando cubierto apenas
por un saco de tiro corto
la mano izquierda siempre diciendo
vení que vas a ver vení
que acá se vive bien
en la boca ya se sabe
en la boca es necesaria
la sonrisa lista la palabra fácil
la saliva presta el ansia de deglutir
todas las manifestaciones
del mundo alrededor
terminó como estaba escrito
antes de comenzar
disperso en el recuerdo
de un destino que nunca realizó
lo más grande que tenía
el enano era su nombre
textual
Escribo a mano, lo hago desde siempre, de manera que esta mañana cuando sentí la necesidad de hacerlo, tomé la birome y el block de hojas blancas para empezar un cuento. Tenía el tema claro y la certeza casi física de que sería corto, porque sentía que unos cuantos brochazos serían suficientes para pintar el retrato que imaginé.
Empecé a escribir, sobre el papel poroso con el trazo un poco líquido de mi lapicera negra, un relato acerca de las transformaciones que sufría una persona a la que la relación con el mundo se le volvía cada vez más difícil y su inadecuación con la realidad le hacía cometer actos ridículos rayanos con la locura. Una historia de solipsismo progresivo y angustiante. Me dejé ir y de pronto mi mano se movía sin pensar, sin mediación de la conciencia, en un flujo automático que me permitió llenar las dos primeras páginas del block. Mientras escribía me concentraba en el trazo de la lapicera, en el dibujo de las letras, en el movimiento que hacía la punta de la birome al rozar el papel, hasta creí escuchar el sonido de ese roce.
En un momento dado me olvidé de mí y perdí la noción de mi cuerpo, yo parecía ser solamente esa línea negra que iba creciendo hacia la derecha del papel blanco, que nunca se detenía y seguía dibujando formas curvas minúsculas y repetitivas sin interrupción.
Sentí un mareo suave pero profundo, como si se originara en el abdomen o en el pecho además de afectarme la cabeza, pero seguí escribiendo. El mareo se acrecentó y se me nubló la vista, pensé que iba a desmayarme, cerré los ojos y sentí un fuerte cosquilleo en toda la piel, pero enseguida, en un instante revelador comprendí que estaba atrapado en el texto que yo mismo estaba escribiendo, preso del lenguaje y de su manifestación física. No podía moverme y veía encima de mí formarse las letras y las palabras, veía la lapicera y la mano, quise gritar y no pude, sentí el determinismo de una condena inminente y definitiva y me estremecí de terror pensando en qué pasaría cuando la mano se detuviera y el cuento estuviera terminado.
viejo poema viejo
Podría decirte que es el mes de julio
y la bruma desciende sobre nuestras casas
como una constelación de presagios
que empaña todos los espejos
opacando
las miradas que guardan desde siempre
tornándolas
más y más difusas, más y más ambiguas
los cuartos de las mujeres siguen albergando secretos
como cuando éramos niños
y hay un reloj en la sala
que comienza de pronto sin porqué
a mover sus agujas hacia atrás.
Hoy los rojos son menos intensos
arden en sus huecos los amores del pasado
con fuegos sin sustancia
huellas en la arena
sombras de seres queridos en errancia perpetua
una lluvia que no llega a ser lluvia
se deshace como chispas de agua
siempre creí que una palabra me podría salvar
pero debiera ser la que está antes de todas las demás
la que engendra.
Todas las gotas del mar
todas las moléculas de aire
no alcanzan a sumar
todos los pasos que dimos en falso
todas las preguntas que no supimos formular.
otra onda

Flip flop, óleo sobre tela, 40 x 40
escrito a mano

La luz oblicua que rebota en los azulejos
hipnótica como el filo de una daga
dibuja un tajo o una frontera
con aire de escenografía hospitalaria
del lado de allá mi mirada perdida
depositó la incertidumbre, el desamparo
de este lado quedó mi cuerpo con sus apetitos
sus temores y sus vicios adquiridos.
Hay un enorme desajuste entre este pasillo y yo
pero decido fingir que todo está en orden
y para probarlo comienzo a contar mis pasos
mientras miro los pies que me transportan,
uno avanza el otro sostiene,
uno sostiene el otro avanza.
mutaciones
Abrí los ojos y vi dos pájaros
volando en círculos sobre mi cabeza
pensé que era una señal de libertad
pero no alcancé a ver si volaban
en el sentido de las agujas del reloj
o al revés porque enseguida
cayeron sobre mí y con sus picos
me arrancaron los ojos de raíz
podía sentir en las mejillas
el roce de los nervios ópticos
chorreando sangre como una máscara
de carnaval mexicano
levanté mis brazos y el dolor
hizo que agitara las manos en el aire
como alitas de pollo como pañuelos
de despedida pero enseguida
las cerré y como una magia invertida
atrapé un pájaro en cada una
lo suave de sus plumas y sus cuerpos
calientes me enfurecieron y les arranqué
las cabezas con los dientes después
me puse una cabeza en cada cuenca
con el pico hacia afuera y así tuve
otros ojos nuevos capaces de cantar
y comer insectos ojos que pican
que se abren y se cierran a su antojo
que miran siempre para arriba
ojos que crían cuervos como si fueran hijos
que toman agua de los charquitos
que sueñan con dormir posados en las ramas
del árbol de mis pensamientos
ojos que imaginan que mi cerebro
es su cuerpo o puede darles un cuerpo
detrás del dolor de lo perdido
no somos uno no podemos serlo
estamos esperando una señal
en este cielo mutante un símbolo
que transforme la apariencia
en esencial que lave mis manos
manchadas de sangre cubiertas de plumas
que haga que mis ojos salgan volando
como si nunca los hubiera cerrado
como si siempre los tuviera abiertos.




