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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2013.

2 de febrero

 

Madre de todos los mares

los rios los cursos señora

de lo líquido lo que fluye

sale de vos se derrama

en red circulatoria

me sumerjo en tus aguas

remontando la corriente

mergullo en tu fecundidad

valva donadora tal vez

para que me tomes

 

 

02/02/2013 20:15 Carlos ;?> No hay comentarios. Comentar.

la hora del maestro

 

Un viejo maestro chino

dejó las enseñanzas

de toda su vida

escritas en hojas de parra

unos días más tarde

las hormigas devoraron

el manjar de su sabiduría

un viejo maestro chino

dispuso las hojas de té

de cierta esotérica manera

tal que cifraran su mensaje

después de unas horas

sopló un viento extranjero

y se llevó las hojas con él

un viejo maestro chino

volcó en su cuenco

trescientos treinta y tres

granos de arroz integral

los bañó con salsa de soja

los granos se pusieron

negros les salieron patitas

y huyeron corriendo cada uno

en una dirección distinta

un viejo maestro chino

subió a la copa de un árbol

se puso a meditar

en el fondo del lago

meditaba en el centro

del origen del fuego

en el pico de la montaña

cubierto de nieve

y vinieron hacia él

las hormigas en fila

trayendo las hojas de té

los granos de arroz

a lomo del viento

las hojas sin la parra

las memorias sin la tinta

la luz y la tiniebla juntas

el maestro tomó su té

comió su arroz

cantó su mantra

y se durmió

con una sonrisa

en la última línea

de un poema

 

04/02/2013 23:32 Carlos ;?> No hay comentarios. Comentar.

ni más ni menos

 

El hombre más triste del mundo no era el hombre más triste, en verdad, sino que estaba más triste que nadie. Pero eso era ese día, en ese momento que se sabía tan triste. Era muy posible que al otro día, por la mañana o por la tarde la tristeza disminuyera un  poco y ya no sería el hombre más triste del mundo. Pero ahora mismo miraba hacia abajo, a la profundidad de un pozo oscuro de miseria y soledad.

Lo que lo ponía más triste era que se le ocurrían las mismas cosas triviales y recurrentes que todo el mundo pensaba en ocasiones así: matarse, por supuesto, y elegir el método basándose en premisas tales como no sufrir, o ser espectacular y morboso, o hacerlo rápido y limpio, o incluso conseguir que parezca un accidente.

Era triste. Quería ser original, diferente. Se le ocurrió de pronto que podía dejar de pensar, o intentarlo. Ahora bien, pensar en dejar de pensar era ya seguir pensando.

No dejar de pensar en la tristeza, sino dejar de pensar en dejar de pensar, por ejemplo. Y hacerlo. Volvió a mirar hacia abajo y pensó en dejarse caer en el pozo, pero enseguida se arrepintió: había vuelto a pensar. Entonces sucedió algo: una inversión de las leyes, o al menos de la ley de gravedad, el pozo subió hacia él, lo empezó a recorrer hacia arriba rodeándolo con sus oscuras y húmedas paredes, pero él no sentía vértigo. Tuvo entonces una ocurrencia que no fue un pensamiento sino una imagen. Se vio como parte de una situación erótica, el pozo era un conducto y estaba haciéndose penetrar por él, llevaba la iniciativa dada su indecisión, y él estaba siendo cogido por su propia desesperanza. Esto le pareció gracioso, o por lo menos diferente y entonces se le dibujó una pequeña sonrisa en la boca, el conducto se puso menos oscuro y a partir de ese momento ya no era el hombre más triste del mundo sino apenas un hombre muy triste o algo triste o simplemente triste, ni más ni menos.

 

21/02/2013 11:58 Carlos ;?> No hay comentarios. Comentar.


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