Uróboros
Tengo poco tiempo, voy a intentar contar esto mientras pueda dominar esta mano que ya no me pertenece, mientras pueda mover parte de este cuerpo en el que estoy prisionero. Esto es un pedido de auxilio, aunque intuyo que nadie me creerá ni podría de verdad ayudarme. Pero contaré lo que me pasa de todos modos. Ayer por la mañana me levanté y fui al baño; había dormido muy mal toda la noche, con dolores abdominales y un malestar que sentía como una gran inflamación intestinal. Antes de bañarme me senté en el inodoro para intentar aliviarme. Enseguida que me senté empecé a soltar lastre, sentía salir de mí todo lo que me había incomodado en la noche, tengo que decir que con un olor inmundo. Pero algo muy extraño empezó a pasar. Aunque tengo que apurarme intentaré ser cuidadoso para explicar esto, de modo que lo voy a hacer despacio. Empecé a sentir que de mí salía algo, no la mierda de siempre: algo vivo. Al principio pensé que era una fantasía de las que a veces se me presentan, imaginar cosas como si fueran reales, pero no. Sentí algo como una forma viva que me tocaba por detrás, inmediatamente arriba del ano; en el frío del baño a esa hora de la mañana una corriente helada me subió por la espalda, un escalofrío de terror. Ese algo que estaba saliendo de mí (ahora lo sentía claramente) se afirmaba en mi piel y empezaba a reptar. Al mismo tiempo noté que eso, fuera lo que fuera, crecía y se engrosaba, me empezó a doler mucho, Todo parecía suceder rápido pero para mí sucedía en un tiempo ralentado, el miedo me paralizaba y no me atrevía ni a darme vuelta a intentar ver lo que pasaba. Tuve un momento de incredulidad, de negación, pensé: esto no puede ser cierto, no puede estar pasando. Pero dejé de pensar en eso cuando sentí como una mano viscosa que se apoyaba en mi espalda a la altura de los riñones. Como dije antes, todo fue muy rápido, eso lo hacía más irreal todavía. Ya era evidente que había una cosa zoomorfa que iba creciendo y subiendo detrás de mí, la sentía en la espalda, tenía que hacer algo. Intenté pararme y cuando me levanté del inodoro el peso que tenía detrás me tumbó en el piso del baño. Ahora podía defenderme menos, y ya era muy grande la criatura que salía de mí. No me gusta llamarlo criatura, pero no sé cómo nombrarlo. Era una cosa blanda pero poderosa que, basándome en la información táctil que me transmitía mi piel, se iba ensanchando hacia arriba y ya casi me llegaba a la nuca. Se me secó la boca, quise gritar o algo, pero no pude, apenas me animaba a respirar. Miré hacia el costado y vi reflejada en los cerámicos blancos de la pared una forma oscura en movimiento ascendente. Hice fuerza para no desmayarme, quería resistir, dar pelea. Intenté pararme pero enseguida comprendí que era imposible. Entonces ví de nuevo en el reflejo de los cerámicos una forma enorme y triangular que se erguía sobre mi cabeza. Una sombra me cubrió, miré hacia arriba y vi unas fauces negrísimas que se abrían y empezaban a introducir mi cabeza en ellas. Creo que me desmayé porque a partir de ahí tengo un bache en el recuerdo. De pronto recobré la conciencia y me costaba respirar, estaba en total oscuridad y un aroma fétido me rodeaba, estaba apretado y me iba deslizando hacia arriba en un organismo que latía como un gigantesco gusano. Fui engullido totalmente por aquella cosa que a partir de entonces empezó a transformarse, a disminuir su espesor adaptándose a las formas de mi cuerpo, por fin pude pararme y me miré en el espejo del botiquín. Lo que vi me aterró, pero de alguna manera mantuve la calma; cuando algo es inevitable y no tiene remedio, el horror no se manifiesta como defensa sino como resignación.
Vi una piel oscura y viscosa que me cubría los rasgos en forma imprecisa, pero algo iba cambiando y se iba aclarando con mucha rapidez, la criatura iba buscando mis rasgos para hacerlos suyos y lo mismo pasaba con la consistencia y el color de la carne, se estaba produciendo una mutación instantánea e incomprensible. Y todo concluyó en unos minutos. Ahí estaba yo y ya no era yo. Era un ser desconocido. Un ente, salido de mí, me había cooptado. Empecé a actuar en forma inédita, como dirigido por otra voluntad, impedido de decir lo que me pasaba. Esto lo escribo en un momento perdido, noté una especie de adormecimiento en la piel que me recubre, como un sopor, y pensé que tal vez mi verdadera voluntad (casi escribo: mi antigua voluntad) podía tomar el control por unos minutos. Y me largué a escribir. Siento que el tiempo se acaba. Si alguien llega a leer esto, no pido que me crea ni que intente nada para sacarme de aquí, sé que no podrá ser. Pero pido ayuda, piedad, pido al que lea esto que sea conmovido por la caridad y me mate de una buena y bendita vez.
una crítica de Los incógnitos con L mayúscula
por suerte hay quien lee y hay quien comenta lo que lee, aquí un comentario de mi novela en este blog, con L mayúscula: http://conlmayuscula.blogspot.com/2011/12/los-incognitos-carlos-ardohain.html
Una reseña de Los incógnitos en estado crítico
recién me llegó un mail del editor con el link de una reseña de mi novela, feliz (que no idiota)
http://criticoestado.blogspot.com/2011/11/feliz-que-no-idiota.html
la apuesta del día (ayer) en Zona de Obras

para leer lo que no se lee: http://www.zonadeobras.com/actualidad/Carlos-Ardohain-Los-incognitos/22747
tarde que parece de otoño pero no es
Hoy no lloverá
las notas del piano
golpean contra los vidrios
de la ventana
como moscas queriendo salir
miro el cielo y los techos
oxidados de las barracas
el piano amenaza mi silencio
recuerdo un dibujo en que el teclado
era una inmensa sonrisa inestable
lista para morder
me tranquilizo pensando
que un piano sin dedos no es nada
una mosca se posó en el vidrio
del lado de afuera de la ventana
golpeo el vidrio con el dedo
para espantarla pero vuela
y se posa otra vez
vuelvo a golpear el vidrio
esto se repite varias veces
como una melodía
hoy no lloverá
pero me gustaría
ver caer las gotas
del otro lado del vidrio
18 de octubre
Quizá mi padre esté
andando en bicicleta con su gorra blanca
o apretando los terrones con sus dedos
para ablandar la tierra
o mirando el cielo hacia el sur
por si se viene la lluvia
quizá mi padre esté
montando un potro como cuando era niño
y estaba tan solo que metía miedo
pero debajo de su sombrero
anidaba su hambre de futuro
quizá mi padre
esté simplemente
calentando sin apuro el agua
para tomar unos mates
ahora mi padre es eterno
y está fundido en el amor
con el que yo lo recuerdo
Los incógnitos

Alguien, un optimista, claro, dijo que la Literatura nos salva de la muerte. Muy bonito, pero como diría aquel otro: "De grandes bibliotecas están las sepulturas llenas". Lo que sí podemos sin reparo alguno asegurarles es que la Ficción, ese imaginar que a alguien le pasa algo, puede resucitar a los muertos. Recuerden que sin tener que recurrir a zombis ni vampiros ya sir Arthur Conan Doyle devolvió la vida -por necesidades del guión- al inolvidable Sherlock Holmes sin que la verdad ni la verosimilitud ni los altares literarios se derrumbaran. Si la fe, que al fin y al cabo es una clase peculiar de terremoto, mueve montañas, la Ficción mueve destinos y tiene poder sobre el azar y la necesidad, sobre lo imposible y lo improbable.
Una novela ágil, amarga, divertida e inteligente, es la historia de la inolvidable amistad entre X (Equis) e Y (Igriega), publicistas de poca monta, escritores frustradillos y aparentemente medio resignados a morir de rutina y mediocridad, que un buen día deciden dejarse llevar por la ficción y montar una agencia de detectives privados, es decir, deciden dejar que sus vidas se viertan en pura novelería. Y en efecto: encontrarán el riesgo y la aventura, el amor y la lujuria, la excitación y el olvido. Y cuando la muerte en plan novela negra salga a su encuentro, será la Ficción, la última Fe que les queda, la que se atreva a redimirlos y rescatarlos negándose a aceptar un destino absurdo e inaceptable. Lector: levántate y anda. Quien tenga Ficción no morirá para siempre.
cotidiano
Camino detrás de una mujer que fuma
y se da vuelta con miedo al sentir mi presencia
yo solo voy detrás de ella
tratando de esquivar el humo
y los charcos de agua en la vereda
es ella que me sigue por delante
en el trayecto que lleva a mi casa
Próximamente: Los incógnitos

Esta novela es una novela afable, cálida, inteligente, acogedora y cordial en la que no
faltan unas gotas de refinada amargura. La historia inolvidable de dos amigos que viven sin
queja un transcurrir mediocre, una felicidad mediocre y una soledad prosaica y rutinaria
hasta que un día se les ocurre, más por aburrimiento que por vocación, convertirse en
detectives privados fuera de sus horarios de trabajo. Y así de pronto todo a su alrededor
parece ponerse en movimiento y lo inesperado hace acto de presencia: la emoción de
perseguir a un sospechoso, el azar de la pasión y el adulterio, la ocasión de calmar el deseo
ya casi olvidado de escribir, la absurda tarea de buscar La Verdad para la que un antiguo y
popular cantante los contrata, la inquietud del peligro que acecha y amenaza Pero también
la muerte, un viento traicionero, que sale a su encuentro, pero no importa: la fuerza de
la ficción es más fuerte que la muerte y la ficción mueve montañas, quien cree en ella
resucitará de entre la muerte y vivirá eternamente por los libros de los libros, amén.
Una ecuación narrativa en la que uno de los protagonistas se llama X (Equis), el otro Y
(Igriega) y en la que no faltan ni un Fausto ni una Margarita o una Tamara que echa las
cartas del Tarot. Una novela llena de incógnitas escrita desde unas coordenadas narrativas
sorprendentes. Una novela inesperada.
domingo
Fin de semana en una quinta
un domingo inhabitual
el mate de la tarde
mariposas y hormigas
que trasladan un árbol hoja
por hoja ramita por ramita
esa mirada distraída
que se posa en un par de globos
que vagan a merced del viento
una mosca en el lóbulo
de la oreja del abuelo sordo
la radio que nadie escucha
cuerpos aplastados en su materia
por la contundencia del instante
las sombras inminentes anuncian
una noche de estrellas fugaces
un regreso silencioso a la ciudad
las bocas llenas de letras O
de otoño de omisión de olvido
de otra vez será de oscurecer
la mosca ahora se posa en la boca
del que piensa el poema del tedio
como si supiera como si hubiera
leído su mente completa
mente llena de vacío y se levanta
viento y empieza a hacer frío.
domingo, agosto, avellaneda
Una fila de quince o veinte
turistas en bicicletas naranjas
pasa en dirección al riachuelo
qué harán acá con este frío
a esta hora de la noche
hoy no hay partido y el cilindro
en penumbras mete miedo
la calle Palaá desierta
a pesar de todo me cobija
miro los árboles desnudos
bajo el cielo gris oscuro
que cada tanto deja asomar
una luna que parece
una sonrisa emoticom
pienso que estaría bien silbar
pero sigo caminando en silencio
en dirección contraria
a los gringos en bicicleta
dimensión
Un fósforo encendido
sirve para tener idea
de cuánta noche
marepsia
La vez que el pescado me habló
en las rocas de la escollera
de las bondades de la humedad
el mal humor de los hipocampos
la intransigencia de las ballenas
de cosas que se encuentran
en la concha de los caracoles muertos
yo estaba tan apurado que lo interrumpí
sin embargo llegué tarde y ella se había ido
entonces volví a la escollera y el pescado
no estaba, llamé a mis amigos
para contarles, pero los teléfonos
sonaban y sonaban en habitaciones vacías.
19 hs
No hay ningún pez
en el agua de la tina
ningún sonido en la sala
en la que estoy
dejando que la noche
entre por la ventana
padres
Jesús tuvo la extraña fortuna
de ser hijo de dos padres
uno era el creador de la vida
y lo mandó al muere
el otro era carpintero y construyó
la cruz en que lo clavaron.








