ex voto
Hace un tiempo perdí mi mano derecha
en una batalla en Plaza de Mayo
en medio de un torbellino de gases
machetes y caballos
fue una hermosa escena barroca
donde la sangre era el pigmento dominante
ahora, con mi capacidad de acariciar
reducida en un 50 %
cada vez que hay una manifestación en la plaza
un chirriante cosquilleo invade con furia la mano ausente
ocurre que tengo un muñón en extremo sentimental.
escribir en el aire
Una línea que dibuja
las parábolas invisibles
del vuelo de una mosca
durante toda su vida
hasta que la veo morir
en mi mesa bajo la lámpara
sobre la blanca hoja iluminada
para ella como un escenario
esa línea es lo que escribió
la mosca con su cuerpo
con su vida que termina aquí
provocando en la mirada testigo
esta reflexión esta mínima ceremonia
de sepultarla en la tierra húmeda
de una maceta en el balcón
solitud

Un hombre parado frente a la lluvia
se distrae leyendo un periódico.
En algún lugar de la ciudad
dentro de un subterráneo en marcha
otro hombre escribe de corrido una frase:
-Guillermo es tímido-
-Guillermo es tímido-
-Guillermo es tímido-
La lluvia cae con fuerza
sobre un bidet abandonado en el baldío
dos o tres moscas perdidas
golpean los vidrios de mi ventana
yo me dejo ir con las gotas que caen
y me estrello contra el suelo.
Es la tarde de un sábado.
corrido
La mudez del cuerpo
es puro desplazamiento
ahora todo es
deseo textual
yerto
Estoy tirado en el piso cara al cielo y no hay un centímetro de mi cuerpo que no me duela. El peor dolor es el de los ojos, no puedo cerrarlos porque me estallan los párpados y la luz blanca del cielo me lastima, me quema. Tengo adentro algo que se mueve desgarrando todo a su paso, es como una masa de materia que se desplaza separándose del resto, pienso en un alud de carne. No puedo ni quiero gritar, el esfuerzo me haría gastar la energía que necesito para aguantar este sufrimiento. A pesar de tener los ojos abiertos y sentir la herida que me produce la potente luz del día, no veo nada de lo que me rodea, sólo tengo visiones internas proyectadas en una pantalla virtual delante de mí, me veo corriendo por un parque, tengo ¿dos, tres años?, un perro salta a mi alrededor, es Pancho, mi perrito que está tanto o más feliz que yo por estar juntos. Ya casi lo agarro, tengo su cola al alcance de mi mano y cuando me inclino un poco más tropiezo y me caigo, mi cara se arrastra por la arena húmeda y me raspo las mejillas, el dolor me hace llorar. Viene mi madre corriendo, cuando la siento cerca lloro con más fuerza todavía y ella me abraza, me levanta y me lleva al mar, con sus manos me enjuaga la cara con suavidad, el agua está fría pero me hace bien. Cierro los ojos y los abro enseguida, veo un avión en el cielo dibujando letras con humo. Tengo mucho frío no me gusta el frio y no me gusta usar mucha ropa y no me gusta la ropa de lana. Alguien dijo que el cuerpo era como la ropa, un vestido o un traje, capaz que tengo frío porque estoy perdiendo el cuerpo; siento que algo se derrama, un líquido que sale de su lugar, que desborda. Siempre pensé que iba a morir ahogado, que iba a dejar de respirar adentro del agua, quizá me esté inundando para que el agua me cubra hasta quedar sumergido en mi propio jugo. Humedad, un colchón sin sábanas en un sótano, cerrar los ojos para pensar que todo es distinto, que eso no está pasando, que al abrirlos será otra cosa. Sentir el sol en la piel calentando cada centímetro y una laxitud creciente en los músculos. Un abandonarse al rumor del mar, una hipnosis que mece la mente y la anula. Olor a verano, olor a vida. Las letras de humo en el cielo parecen nubes, pierden de a poco su forma mientras el avión dibuja otras, las nubes parecen animales, montañas, cambian de color a medida que el sol baja, tienen bordes grises o rosados. Deben ser muy húmedas, debe ser muy distinto estar adentro de una que verla desde acá. Yo quería estar en los dos lugares a la vez, mirando desde acá y adentro de la nube. Ser la letra y la nube y el cielo y el que mira todo. ¿Y el avión? Ya se fue. No poder cerrar los ojos es como no tener párpados, como estar despierto siempre, aunque uno no vea nada, aunque sea ciego. ¿Fue Buda el que, según la leyenda, se cortó los párpados y los tiró lejos para no dormirse cuando meditaba? De esos párpados caídos a la tierra surgieron las hojas de té. No quiero morirme con los ojos abiertos, no quiero parecer un pez, ojos muertos abiertos. El mar remoto, el mar inabacable. Me gusta el olor del mar. Musgo, algas, calamar. Palabras en el agua, inundadas en la boca abierta que traga todo lo que tiene cerca. El agua blanda, ablanda la materia orgánica. Pero también puede ser dura, el frío la detiene, la congela. Hielo, frío, muerte. Movimiento detenido. Inmóvil. Quieto. Como las estatuas a las que juegan los chicos, a las que jugábamos cuando éramos chicos, cuando el que contaba, uno dos tres pelito es, se daba vuelta de golpe y todos congelados como estatuas, aguantando la risa, rígidos en una pose absurda. También jugábamos a morirnos, a estar muertos, pero eso era otra cosa, más grave, algo inalcanzable que nos quedaba fuera y por eso nos gustaba intentar acercarnos. O volar, fingir que volábamos, eso se sueña también, de más grande, uno sueña que vuela y hasta adquiere cierta destreza; a mí en los sueños siempre me pareció arrastrarme por el aire con una parsimonia indiferente, como si no hubiera tiempo, como si el tiempo no existiera, no pasara, como si no hubiera transcurrir. Como mi gato que estaba quieto casi siempre, mirando la nada, o mirando algo que nosotros no veíamos, en silencio, calmo, elegante, indiferente. Yo quería ser como él. A veces me sentaba igual y me quedaba quieto, dejaba que mi mirada se perdiera en el aire, los que me veían así me preguntaban qué pensaba pero yo no respondía. No pensaba en nada, trataba de no pensar, de simplemente ser, estar. Trataba de entender cómo era sentir la luz en la piel y recibir alimento vital de un poco de calor, de un rayo de sol insignificante en cuatro centímetros cuadrados. Dicen que en la vida hay circunstancias o hechos que prefiguran otros, ahora recuerdo uno que puede haber sido el boceto de este, de esta situación. Yo jugando en el patio de casa, debajo de la parra, colgándome de los tirantes de madera que la sostenían. Era Tarzán, el rey de los monos yendo de una rama a otra, de un tirante a otro. De pronto uno de ellos se rompe, no sostiene mi peso y yo caigo de espaldas al suelo, doy con toda mi espalda plana en un golpe seco, casi perfecto. El shock provoca que se me cierren los pulmones y la sorpresa me hace abrir los ojos y la boca en forma desmesurada. Estoy en silencio, no puedo respirar ni gritar ni moverme. Vienen mis padres, me rodean y me hablan, me preguntan, pero yo no los veo, solamente veo la luz del sol entre las hojas de parra y me voy poniendo morado, hago fuerza pero el aire no entra ni sale, estoy inmóvil a merced del tiempo, del reloj cronómetro que tiene marcados los minutos que me tocará vivir. Minutos que duran toda una vida, que se prolongan hasta ahora, en que estoy igual, sin moverme, sin hablar, sin cerrar los ojos, sin poder ver más allá de ahora. Otra vez siento algo adentro, algo me tira en el abdomen, jala hacia abajo los tejidos y los órganos del tórax, duele y rasga, es una tensión que amenaza romper todo lo que aún no está roto. Aquella vez el aire al fin entró en mis pulmones, lo recibí justo en el límite de la asfixia. Esta vez no sé, creo que se hará de modo inverso. Esta postura parece la del boxeador al que han noqueado, que sabe que ya no se va a levantar. Siento la inminencia del final, hay un instante mágico en que el dolor desaparece, se esfuma, se produce un inmenso silencio, aprovecho para cerrar los ojos pensando que todo está por terminar, que esta pesadilla se acaba, que puedo detenerme por fin. Aprieto la tecla. Stop.
si...
Si la ventana fuera
además de ventana espejo
el paisaje que veo sería
mi reflejo
si el espejo fuera
ojo además de espejo
del otro lado habría
una imagen invertida
una ventana al revés
un espectador colgado
con la cabeza en los pies
pero si el ojo fuera
espejo y ventana a la vez
entonces adentro y afuera
seguramente habría
mucho más que simetría.
la estupenda futilidad de todo
Estoy planeando un robo
lo quiero hacer perfecto
entonces lo haré público
que todo el mundo lo sepa
y nadie lo crea
seré el autor inocente
del crimen perfecto
mejor todavía
pluscuamperfecto
el inimputable
dueño de un botín
inenarrable
que el mundo vio
y olvidó incluido
yo
matar el tiempo
Inflando forros hasta que queden del tamaño
de baguetes esos panes espectrales salchichas vacías
de contenido salchichas obscenas pero menos obscenas
que las verdaderas salchichas inflando forros queriendo
matar el tiempo hasta reventar el aire comprimido
en los pulmones en el mundo el aire entero
que rodea al planeta esta tarde esta noche que habrá
luna llena y será el cumpleaños de alguien y habrá
alguien que me amaba y ya no me recuerda cómo
era cómo éramos en el tiempo en que usábamos
el tiempo de otra forma después de inflarlos
lo mejor es hacerles un nudito en la punta
tirarlos por el balcón soltarlos en el aire que vuelen
como colecciones privadas de suspiros envasados
sobre la ciudad sobre los techos del suburbio sucio
como la memoria sucia como la muerte porque esta
noche alguien habrá de morir alguien habrá muerto
si yo fuera antoni tàpies
Pintar un cuadro
con la sangre de Sánchez
de Rodríguez de López
escuchar un tango
en un aparato japonés
pintar un cuadro
con café con mate con té
sobre tela de mantel
acaso es color local
lo que te hace falta
la miseria fotografía
muy bien en blanco y negro
pintar un cuadro con carbón
escribir con cal sobre fondo
negro negro negro
hacer una cruz en el medio
con sangre de Pérez
de Giménez de López
qué cosa este país
cada día mata mejor
quién sabe
Había aire
había vacío solamente
unos pasos más allá
lo mejor era no detenerse
para cambiar de tiempo
verbal
lo mejor era cambiar
de cuerpo en pleno vuelo
aunque para eso hace falta práctica
lo mejor es ensayar por la mañana
cuando estás seguro
de que resta todavía mucho día
cuando las cosas aparentan
ser lo que parecen
lo mejor es caminar como quien baila
un pie delante y otro detrás
un leve giro no perder
la gracia
no perder el humor
no perder
la calma
lo mejor es leer al revés
y siempre permanecer
en movimiento
más allá está el silencio
y quién sabe qué
más
abril
Abril es el nombre de un mes, el título de una canción de P. J. Harvey y también el nombre de algunas chicas que ahora deben tener quince o dieciséis años. En abril un general borracho invadió territorio ocupado por Gran Bretaña y nos llevó a una guerra y a una derrota anunciada. En esa época mi hijo estaba por nacer, pero no nació en abril, nació en mayo, ya en guerra plena. Cuando yo era un niño no podía pronunciar abril, me salía “abrir” y todo el mundo se reía, todo el mundo menos yo, que me ponía a llorar pensando que se estaban burlando de mí.
En el hemisferio norte hubo alguien que dijo que era el mes más cruel, acá no lo es, porque la memoria y el deseo se juntan en otra época, pero eso siempre me quedó dando vueltas. Lo de la memoria y el deseo, digo. Como me quedó dando vueltas eso de que “en mi fin está mi principio”. Me gustaría decirle estas cosas a mi sobrina Andy, conversarlas con ella, estoy seguro de que las entendería. En especial lo de “en mi fin está mi principio” y esta otra frase que está un poco antes: “en mi principio está mi fin”. Parecen especulares pero no lo son, o no del todo. Con ella me gustaría hablar esto, pero ella no está, también se fue, también en abril. Ahora que lo pienso, yo creía que la entendía y sin embargo no era tan así, nunca supe hasta dónde sufría, hasta dónde le dolía vivir. Me acuso de necio, de ciego, de poco sensible, pero todo esto no sirve de nada. Ella no puede escucharme y yo no puedo leerle a Eliot. Hace dos días estuve en la estación de Ringuelet, hace quince años le saqué unas fotos ahí, se había cortado el pelo muy cortito, a lo varón, estaba tratando de salir de una mala época y yo le dije que le quedaba bien, que estaba linda, y me sonrió. Hicimos unas fotos que me parece que le gustaron, de esas fotos no tengo ninguna. Pero tengo el recuerdo, y lo tengo muy fresco. No puedo hablar de ella con casi nadie, y tal vez tampoco pueda escribir sobre ella y esto termine abortado. Tengo que mantener la emoción a raya o esto se va a la mierda. Lo intentaré. Ella quería ver el sol de frente y lo miraba con los ojos abiertos, a sabiendas de que eso podía cegarla. Ella quería todo y sometía su cuerpo a esa sed. Era una humana del mañana, que periódicamente se vaciaba en lágrimas, entrenada en perder lo que más quería. Exploradora de la incompletud. Habitante de la zona media, puente y transmisora. Y a la vez la que soporta la tensión, hasta que no se soporta más. A veces daba la impresión de vivir como si estuviera pendiendo de un hilo, de una relación, de un proyecto, de una idea. Quizá por eso (ahora lo conjeturo), eligió morir así, eligió ese modo de irse. En mi principio está mi fin.
Para dejar de vivir cuando uno lo decide hay que poner el cuerpo, entregarlo. Constituye un sacrificio, una inmolación. La única llave para abrir el paso a otro mundo, más allá de la vida. Abrir en abril.
Ella tenía una pintura de una mujer crucificada, que a pesar de estar en ese trance sonreía, como si hubiera logrado su propósito, como si hubiera llegado a la meta. Creo que se identificaba con esa imagen. Y tenía otra pintura, de un personaje sumergido en el mar, solo y abandonado bajo un cielo hermoso pero amenazante, con una expresión desolada y triste. Estoy seguro de que con esa imagen también se identificaba. Ambos personajes inclinaban la cabeza hacia la derecha.
Tenía una tendencia muy fuerte a ayudar a las personas que la rodeaban, y una imposibilidad profunda de ser ayudada, de ayudarse a sí misma. Muchas veces parecía autodevorarse. No hablo de destruirse, hablo de comerse, fagocitarse. Alimentarse de su propio cuerpo, y terminar excretándose a sí misma. Una comunión solipsista. También el intento de una metamorfosis, una transformación. En mi fin está mi principio.
Ahora abril será siempre un mes triste, un mes de despedida, el mes del adiós.
jugo
Una rodaja de limón
es un reloj de horas diurnas
me hace pensar en una antología
de todas las cosas redondas
y amarillas del mundo pero
no hay tiempo para enumerarlas
en este reloj de nueve gajos
tan apto para aderezar un trago
o acompañar el té verde
este cuadrante que muerdo
para astringir lágrimas y mocos
los fluidos y las secreciones
provocadas por un agujero
que no se ve que está dentro
de la cáscara de mi cuerpo
ese orificio que produce
un remolino que gira
en sentido contrario a las agujas
de este reloj de nueve horas
como si pudiera volver
al tiempo en que ese agujero
no existía todavía y el limón
ni siquiera había sido
desprendido de su rama
la mueca que provoca
en mi rostro su ácida potencia
parece una sonrisa o un rictus
de dolor sostenido en silencio
en el tiempo que dura un hiato
en el espacio que existe entre
un punto y otro punto y otro punto
en una línea de puntos
swingin' easy

El disco de Sarah Vaughan siguió sonando a pesar de que nadie podía escucharlo. Eso es lo que sucede con ciertos sonidos, necesitan ser oídos para tener sentido. La música y el teléfono son un buen ejemplo de ello. La voz inolvidable de la Vaughan se arrastraba por la penumbra de la sala vacía, demorándose un poco aquí y allá, en los pliegues de las cortinas o alrededor de las copas a medio tomar, sufría un levísimo temblor al atravesar la luz de la luna que entraba por el ventanal y se derramaba luego dulcemente en el aire de la noche como si cayera y flotara al mismo tiempo. Era Swingin’ easy, el disco favorito de Alejandra, una grabación de 1957 donde la Vaughan hace maravillas con su voz. Ese de la tapa en la que ella está sonriendo, vestida de rojo sentada en un BKF igual al que hay en el living, en el que habían intentado amarse para terminar dándose cuenta de que no fue pensado para eso, Gonzalo decía que le hubiera gustado saber cómo imaginarían una cama los autores del famoso sillón.
También decía que ellos no podían separarse a pesar de que lo que sentían ya no era lo mismo de antes, que no podían ni debían, que estaban unidos en cuerpo y alma, así decía. Y Alejandra parecía creer lo mismo, que así era y así debía ser. Hoy habían hablado otra vez de eso en la cena, por eso cuando llegaron pusieron el disco en el equipo, se sirvieron unas copas de vino, tomaron un trago y se fueron juntos al balcón francés desde donde parecía que la noche no iba a terminar nunca más.
a tarde ser
El cielo color gris cinco en la escala
de valores encapota la silueta de la city
en medio de unos edificios viejos
sube una columna de humo blanco
mi hemisferio izquierdo me dice: incendio
miro las nubes me gusta el cielo así
debajo del puente todo es negro casi
no hay agua ya ni vida queda
unas bandas amarillas el reflejo de las luces
la noche inminente el viento amenazante
el horizonte desaparecido el agua en el aire
el lobo no abre la boca ya casi no come
no queda nadie que se jacte de estar vivo
al lado del puente un inmenso cartel rojo
exhibe un slogan de campaña una frase
de ocasión: la seguridad se hace
del otro lado el cartel rojo de Caserita
postales de la frontera poemas sin escribir
teléfonos mudos habitaciones vacías
recibo un mensaje que me dice que la nada
y el vacío son inspiradores preferiría no saberlo
preferiría estar lleno mi hemisferio derecho
piensa en la luz piensa en el espacio
piensa en color rojo negro blanco gris
salgo a la curva del balcón me dejo mojar
de este lado y del lado de allá es igual
el lobo no está el lobo perdió los dientes
el pelo las mañas murió por su boca
ahíto de carne podrida harto de alimentar
los rincones del conurbano con su fama
no era en verdad un lobo era un perro
abandonado cansado de ladrar para nadie
el humo blanco ahora es negro el cielo
también como la boca del lobo muerto
como la muerte que espera en el horizonte
como la noche que espera por mí
yo era
Yo era un buscador de oro
con pies de barro
que no encontró nada
más que la piedra
que persiste en el tiempo
yo era silencio
sombra de humo
puro yo agazapado
en lo más hondo
de la carne elemental.
santo oficio
Jesucristo tenia una estrategia
de comunicación, el mensaje
más sofisticado transmitido
por los canales más simples
y en la mesa siempre había
pescado fresco un poco de pan
unas cuantas copas de vino
algunas mujeres llamadas Maria
lo suyo era lo básico
una túnica un par de sandalias
hablar en parábolas caminar
sobre el agua perdonar al enemigo
siempre me pregunté si su padre
construiría cruces en la carpintería
diagrama
“La diagonal es la distancia más corta
entre la ausencia y el placer”
así fue como aprendimos a ser oblicuos
a caminar borrando las huellas
a cruzar el río y volver
a la misma orilla
a despedirnos antes de haber llegado.
(No es un error de procedimiento,
solo una incorrecta interpretación de la geometría).
foujita

Kikí de Montparnasse estaba molesta, y no era por el frío que hacía en el estudio, a eso estaba acostumbrada. El japonés no le hablaba, si bien era cierto que su francés era muy rudimentario y su carácter extremadamente reservado, pero además se lo veía inquieto. Era su primera sesión. Por recomendación de Man Ray vino a dar al atelier de Foujita, y éste la recibió con mucha cordialidad, a su gusto un poco excesiva.
Le indicó un diván en el rincón, le pidió que se quitara la ropa y le sugirió una pose, y ahora no dejaba de dar vueltas, la miraba y miraba el papel, miraba a su gato y la volvía a mirar a ella.
Algo parecía no funcionar. Algo estaba fuera de lugar. Trazó un par de líneas con lápiz y detuvo el trabajo. La miraba a través de sus gafas redondas y su pequeño bigotito parecía vibrar, pero no hablaba.
De pronto pareció tomar una decisión y se acercó a ella caminando lentamente con algo en la mano. Kikí sintió miedo pero no dijo nada, observó la figura menuda acercándose y cuando estuvo a un metro vio que Foujita tenía en la mano un pincel de punta finísima embebido en tinta china, una sonrisa le iluminaba el rostro, se acercó más, se agachó y comenzó a trazar con el pincel, uno a uno, los cabellos de su inexistente vello púbico.
De modo que era eso, la ausencia de la sombra triangular en su sexo ponía nervioso al pintor, que con paciencia le dibujó una hermosa motita de exquisitos cabellos.
Luego se paró, volvió a su tablero y comenzó a trabajar con decisión y alegría.
El gato se arrellanó en su silla.
Kikí se acomodó en su diván con la certeza de que esa noche ella poseía la vulva más bella de París.
no
No me des la espalda
ni aún así
que me sorprendas
trepando por el chorro de agua
subiendo por la columna de humo
no me quites la palabra
ni que fuera
mi discurso incomprensible
mi verbo abrumador
ya verás que no me ahogo en tu agua
ni aún así
que me respires a mí
no me camines los pasos al revés
como si fueran huellas en el viento
que no dejaron mis pies
no me digas que no
y no te lo diré yo
ni ahora
ni después.


