abril again
En el barrio había un auto abandonado hacía mucho tiempo. Era uno de esos autos grandes de la época, un modelo bastante viejo, estaba un poco oxidado y le faltaba el asiento de atrás y todos los vidrios. Alguien lo había dejado estacionado alguna vez y nunca volvió a buscarlo, se rumoreaba que era un auto robado. Nosotros nos juntábamos a veces ahí y de vez en cuando nos metíamos adentro, nos hacía sentir más grandes, fingíamos que fumábamos mientras hablábamos, cosas así. Un día José nos dijo que había hablado con la gorda del almacén y que iba a venir una tarde a meterse en el auto con nosotros. Era la hija del almacenero del barrio, que estaba a tres cuadras, tenía un año o dos más que nosotros, usaba unas polleras muy cortas y siempre nos cargaba, nos hacía bromas que nosotros no entendíamos. Entonces le pregunté a José para qué iba a venir, y él me contestó: boludo, se deja tocar la concha. Todos nos quedamos duros, no nos imaginábamos tocar una concha, no sabíamos qué podíamos hacer con eso, ni cómo era, pero todos dijimos casi al unísono exhalando el aire despacio: bieeeen….. que era todo lo que podíamos decir. Y cambiamos de tema, pero nos quedamos pensando en la concha de la gorda, imaginando la forma, o el olor, o si tendría pelos. Otro día José nos dijo que la gorda iba a venir el viernes a la tardecita. Nos teníamos que juntar en el auto a las siete. Muertos de miedo el viernes a las siete estábamos todos ahí como soldados, esperando sentados en el cordón de la vereda. José nos dijo que en un rato, en cuanto se pudiera escapar del almacén, la gorda vendría. Mientras tanto hacíamos tiempo hablando de fútbol.
Esperamos nerviosos un rato largo y se fue haciendo de noche, ya no queríamos que la gorda viniera porque estar adentro del auto con ella y encima de noche nos parecía demasiado, al final José fue a averiguar y cuando volvió dijo que no iba a venir, que otro día. A todos nos pareció evidente que no vendría nunca y nos sentimos aliviados y nos metimos en el coche a hablar como hombres de cosas de hombres y Raulito dijo: qué lástima, porque ya se me estaba por salir la leche de tan caliente que estaba. Y otro le contestó: callate, si no sabés ni de qué color es la leche. Y Raulito, que efectivamente no sabía, aplicó la lógica más elemental, empezó a pensar a velocidad supersónica, hizo asociación libre y la relacionó con otras secreciones, concretamente con los mocos que le salían cuando estaba muy resfriado, y entonces, en tono canchero, dijo: qué no voy a saber, boludo, la leche es verde. Y todos nos quedamos callados, sin animarnos a disentir ni a estar de acuerdo, sentados en el auto en la oscuridad hasta que sentimos los gritos de nuestras madres llamándonos a comer.
Cuando somos niños nuestro paisaje de vida tiene el horizonte bajo, tenemos el cielo inmenso todo para nosotros, todo es vuelo, imaginación, futuro, libertad. Por eso creemos en cosas que los adultos dicen que son imposibles, como poner toda el agua del mar en un pocito en la arena, hacer entrar una nube en nuestra pieza, pensar que para hacerse invisible basta con cerrar los ojos, y otras cosas que se me han olvidado. Cuando somos niños todo nos rodea, todo está a 360 grados, vivimos en el centro del círculo, de la esfera. En el territorio del juego podemos cabalgar hacia nuestro próximo futuro siendo el jinete y el caballo al mismo tiempo azuzándonos a nosotros mismos para ir más rápido. Transformarnos en árbol o en pájaro o en ráfaga. Horizontal, vertical y aéreo. Después, de a poco, a medida que crecemos todo se va poniendo más plano, el horizonte sube y el cielo se achica, en un momento nos damos cuenta de que hay menos atmósfera, que el suelo se cuadricula, que las nubes pueden estar llenas de hielo. Una técnica para recuperar ese vértigo quieto de la infancia es dar vueltas muy rápido sobre un mismo eje, en sentido contrario a las agujas del reloj, girar girar girar. En un momento nos montamos en una espiral, una helicoide capaz de devolvernos la mirada sin velos. Me parece que lo que intento decir es que la pérdida de esa inocencia asombrada, que es uno de nuestros tesoros, nos produce una enorme tristeza, y que esa tristeza resignada ya no nos abandona nunca y pasa a formar parte del tejido que nos constituye como personas.
Una historia de amor que terminó en tragedia
domingo, 06 de septiembre de 2009
Encontraron el lugar donde cayó el avión de un precursor e intrépido piloto que llegaba a visitar a su novia que residía en un Hotel de Sierra de la Ventana.
El aviador murió calcinado en el lugar.
Carlos Polak, del programa “Raíces de nuestra Gente” de Tornquist, efectuó una entrevista a Redento Musso, vecino de esa localidad, de 93 años, y en dicha nota, Redento contó la historia de la caída de un avión en Tornquist en el año 1926.
Se trataba de Carlos Ardohain, de muy buena posición económica por ese entonces, oriundo de Cabildo, que solía visitar a su novia en Tornquist y viajaba en su avión, con el cual había logrado en 1924 el récord de altura de 3500 metros.
La novia de Ardohain vivía en el hotel Santa Lucia, hoy abandonado frente a las vías del ferrocarril, él dejaba su avión estaqueado para que no se lo llevara el viento en la cancha del club Unión.
El destino quiso que a unos 1000 metros por el camino vecinal a Tres Picos, el avión sufriera un desperfecto por un incendio, y en el afán de querer aterrizar en el camino se enganchó en los cables de teléfono, se incendió y el piloto murió quemado. En el lugar se levantó una lápida que rezaba: “ El 27 de Febrero de 1926 cayó aquí, mártir de su ideal, el joven e intrépido aviador civil Carlos Ardohain, que en paz descanse”
El Presidente del Instituto Newberiano de Buenos Aires tiene previsto efectuar un acto homenaje el 27 de Febrero de 2010, cuando se cumpla un nuevo aniversario, para pasar con el avión del aeroclub por el lugar y arrojar flores a la vieja usanza.
Noticias Tornquist
Una cuchara me apunta desde el suelo
parece dirigirse a mí como una mantis
religiosa de metal brillante
parece reclamar una pareja ausente
su par complementario
yo la ignoro a sabiendas intentando sortear
la continua interpelación de los objetos
aunque reconozco mi imagen desdibujada
en todas las superficies silenciosas y frías
y soy cóncavo y convexo como un Narciso
divorciado de sí mismo y de las cosas
en medio de un caleidoscopio especular
que pone en todas partes lo que acaso
no se encuentre en ninguna.
Abrí la puerta y del otro lado no había nada, o mejor sí: vacío, espacio continuo y luz.
No me sorprendí, después de todo era el otro lado, y en el lado anterior había demasiado de todo, como su contrapartida. A punto estuve de volver a cerrarla y desandar mis pasos, pero no lo hice.
A punto estuve de dar un paso hacia delante, pero no lo hice. Me quedé ahí inmóvil, mirando y sintiendo la tensión de ser el nexo, la intersección, el pasaje.
Es aquí donde hay lo que no hay
el lugar en donde estoy después de que me he ido
donde el dolor es límite con letra ele mental
soy víctima y testigo, cadáver y recién nacido
me reproduzco desde mi propia huella digital
en un parto súbito de desgarros malheridos
asumo mi perversa condición de mutante animal
sin genealogía ni hábitat ni apareamiento
soy mi antagonista en esta vida asimétrica mía
mis fauces colmadas de viento abiertas de par en par
derramando jugos voraces que nunca serán saciados.
Si quieres sentir la felicidad de amar, olvida tu alma
el alma es lo que daña al amor.
Sólo en Dios ella puede encontrar satisfacción.
No en otra alma.
Sólo en Dios --o fuera del mundo.
Las almas son incomunicables.
Deja a tu cuerpo entenderse con otro cuerpo.
Porque los cuerpos se entienden, pero las almas no.
Manuel Bandeira, de Estrela da manhã (1936)
Alardear alrededor de tus costas con penachos
de haces de colores robados al cielo de la tarde
Tejer con palabras una malla que contenga
mi idea de lo que significa tu belleza
Ensayar un leve caminar en tus sueños
conservando el equilibrio entre el deseo y la alucinación
Intentar alcanzar lo que parece a priori inalcanzable
para darte lo que se sabe es imposible de dar
son
caminos posibles a seguir en tu corazón
puntos cardinales cuatro.
Al principio yo recolectaba tus lágrimas
en palanganas blancas
las consideraba casi sagradas
y las sometía al sol de la terraza
para fabricar sal y construir
una estatua a tu imagen y semejanza
como una moderna mujer de Lot
tarde me di cuenta de que eras
una lloradora sin desazón
sin angustia ni tristeza ni motivo
sin verdadera pena
tu cerebro era una enorme esponja
que absorbía toda la humedad ambiente
y debía exprimirse para recuperar liviandad
soltabas tus aguas, eras la mujer nube
y yo por consiguiente
el hombre obnubilado
mojaste la alfombra
inundaste el baño
empapaste las sábanas
hembra lacrimógena
ahogaste mi deseo en agua salada
helada
petrificada
pasado el tiempo sólo quedó
una capa de moho
como el que se forma en la superficie
de todo lo que se descompone
Está lloviendo sobre la tumba de mi madre
el agua se filtra entre los terrones
como si quisiera extinguir la eterna sed de la muerte
está lloviendo sobre la cabeza centenaria
de mi padre que da vueltas en la calle
buscando un fiat 600 que tuvo hace 50 años
cuando lo convenzo de que el auto es un recuerdo
finge que ya lo sabía y sube conmigo a casa
está lloviendo sobre las infectas aguas del riachuelo
en las que la lluvia no tardará en morir
ahogada por las miasmas de esta cuenca negra
llueve sobre el amor que se da
que se niega que se rechaza
sobre el odio y la ignominia
llueve sobre el tiempo y la historia
sobre la marcha inexorable de los días
llueve sobre la desolación de pensar que
el agua que cae no lava nada
sólo cambia la mugre de lugar
deslocaliza la roña pone en movimiento
lo podrido pero aun así
no obstante eso
sin embargo
Tengo una cruz roja pintada
en el pecho de mi camiseta
una cruz blanca muy notoria como
la cruz de la bandera suiza donde el rojo
está afuera blanca como las cruces
de los cementerios de soldados una cruz
negra más negra que la mentira que la muerte
más negra que la cruz roja que tenía antes
de tener una cruz blanca como la que tengo ahora
otra vez manchándose con la sangre de mi corazón
crucificado poniendo roja la cruz humanitaria
verde de rabia de dolor de clorofila de verdad
que tengo una cruz blanca no sé que hacer con ella
tan pálida que está me da vergüenza me da miedo
parece de hospital cruz de monja de mortaja negra
como la cruz que te espera me espera como la negra cruz
de los montes malditos de la muerte como el ala del cuervo
que nos cubre con su salmo nunca más nunca más
cambiará de color esta cruz roja nunca más
dejará de ser blanca esta cruz negra nunca más
será una cruz la puse a girar como las aspas
de un ventilador en el pecho girando a gran velocidad
este oeste norte sur viento aliento afuera adentro
sentido positivo en tono do mayor rueda de tiempo
de mi camiseta no queda nada de las cruces el recuerdo
rojo blanco negro de lo demás el movimiento vértigo
insolación fermento canto ebrio de corazón irredento
La distancia que media entre mis manos
con los brazos abiertos en cruz
se traduce en centímetros cúbicos de aire
que bebería directamente de tu piel
en el instante mismo de cerrarlos para abrazarte
digo, si fuera el caso que estuvieras aquí
pero en cambio se torna preciso hacer
alguna otra cosa con el aire por ejemplo
activarlo moviendo el torso hacia delante
y hacia atrás en forma continua hasta
generar una cantidad equis de electricidad
estática, se la reconoce porque produce un cosquilleo
en la epidermis y eriza levemente el vello,
esto fabrica un campo de fuerza protector y activo
alrededor del cuerpo, una carga positiva
capaz de atraer otro cuerpo que complete
la intención primera, los brazos en cruz
los centímetros cúbicos de aire bebibles
en la piel contenida en el abrazo, etcétera
Construir una cortina calendario
hecha de sogas con nudos
uno por cada vez que he podido
fornicar en los últimos tiempos
uno por cada nudo en la garganta cada nudo
en el pecho cada palabra que no se dice
levantar los brazos para tocar el cielo
para tocar tus tetas y no tocar nada
abrir la cortina pasar al otro lado
mirar a través de las sogas la pieza
llena de nudos inundada de olor
estacionado creando un clima propicio
para extrañar el amor carnal
estas cuentas no cierran ni abren nada
esta estadística superada por el tiempo
que ha pasado desde que no estás
no serviría ni para ahorcarme no es
más que vicio de coleccionista tardío
apretado en su afán de atar el deseo
levanto los brazos toco el anhelo de tocar
abro la cortina me ubico en el medio
le otorgo a cada nudo una palabra
pensando en el poema que no escribo
a cada nudo una respiración un aliento
pensando en el cuerpo que no abrazo
estas cuentas en la soga forman
un collar que ahoga una trama
en la que los espacios vacíos
son el genuino sustento de sentido
un silencioso reverso de nada
una inmaculada manera de nombrar
lo que está más allá de las palabras
La nieve cae y una vez en el suelo
se ensucia se pone gris se vuelve
negra se derrite se mezcla
con la tierra el mundo
no es abstracto no es una idea
lo blanco dura un segundo
el instante en que la luz lo señala
luego ya se sabe se le pone un nombre
se lo invita a vivir se deja
de creer en él ya no refleja
el silencio cambió de lugar
miramos para otro lado esperamos
otra cosa que nunca llegará
el mundo no es un lugar es más bien
una presunción que nos resulta
estrecha o demasiado holgada
mientras tanto matamos a los animales
matamos a otros hombres matamos
el tiempo y no solamente el tiempo
cerramos los ojos pero lo que vemos no cambia
la tiniebla es la misma adentro y afuera
nos abraza y nos cubre como una piel
puedo ser yo puedo ser tú puedo ser él
puedo ser una voz que nadie escucha
como el monótono tintineo de la lluvia
las gotas incesantes que caen del cielo
brillando apenas un segundo en el aire
el único instante en que la luz las señala.