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tancarloscomoyo

bucólico

bucólico

 

El árbol tumbado
de tronco trunco
absorbe la mirada del gnomo inerte
que le suplica silencio
los colores del bosque saturan
una imaginación demasiado fértil
rojo amarillo verde
hongos flores follaje
proliferación
de líneas curvas
hojas secas humedad perenne
no lo puedo soportar
me tumbo en el piso
y miro el cielo
cubierto de nubes grises
escucho los pasos del gnomo
que se va

 

el amor sabe

 

La golosina que ella siempre tenía en su cartera surgió casi de casualidad. Esa noche que él estaba tan cansado y los escarceos del amor se demoraban en sinuosidades temporales que siempre amagaban terminar con él dormido. Ella decidió apurar el ritmo y le salió a pedir de boca, pero antes de lo previsto él se derramó contundente y suspirante y al fin terminó durmiéndose del todo.
Ella quedó con el regalo en la boca y lo depositó en unos pañuelos descartables que había en la mesita de noche, prolija como era los dobló varias veces sobre sí mismos para evitar el viaje al baño hasta el otro día, y se durmió también. A la mañana siguiente, después de la ducha y el desayuno, antes de salir a la calle, vio los pañuelos doblados y los guardó en su cartera. En el colectivo los dobló un poco más haciendo casi un paquetito del tamaño de un chicle bazooka, le sorprendió que hubiera todavía una humedad residual en el pringote. Al rato, distraída se puso a juguetear con el bollito y absorta en mirar por la ventanilla se lo llevó a la boca y lo empezó a chupetear, cuando se ablandó por el contacto con su saliva lo mordisqueó un poquito y recién ahí, al sentir el gusto agridulce y salvaje comprendió lo que estaba haciendo. Le gustó. Desde entonces comenzó a guardar el semen de él de esa forma y siempre contaba con un caramelo fresco en la cartera. Con el tiempo empezó a manipular el sabor preparando una dieta diferente, verduras y hortalizas, pescados y frutas conseguían resultados asombrosos en el gusto. Evitaban el alcohol pero el chocolate era primordial, el ingrediente de lujo.
Su caramelito terminaba mordisqueado como una goma de mascar muy usada y seco y blanquísimo como una piedra de talco. Después no los tiraba, empezó a guardarlos en un frasco en que pegó una foto de él desnudo, a modo de etiqueta.
Había otra cosa además, algo que se fue manifestando en forma paulatina. Cuando estaba chupando el papel siempre tenía imágenes de él, lo veía en situaciones distintas, era una ensoñación amorosa, fronteriza entre la conciencia y un estado hipnótico. Creía que era resultado de su imaginación, pero algunas imágenes o escenas que se le aparecieron las reconoció como reales o verdaderas, ella sabía que habían ocurrido. De otras no tenía certeza, pero al preguntarle por ellas comprobó que sí, todo lo que veía en ese arrobamiento era real, no era una creación de su mente. Le pareció lógico, las secreciones están cargadas de información, hormonas, enzimas, aminoácidos, codigo genético, que ella fuera capaz de descifrar o leer esos datos era una especie de poder. Se enteró de cosas que no sabía, que él no le había contado. Al poco tiempo dejó de tener secretos para ella. Perdió espesor, y por consiguiente también misterio. Él era reservado con algunos de los aspectos de su vida pero ella tomó su intimidad por asalto de la manera más inocente y casual, por inesperada. Así fue como de a poco él fue perdiendo también todo interés para ella. Quedó consumido como un caramelito más, como un chicle seco. Se separaron y nunca más se vieron. Ella puso su frasco en un estante especial de su biblioteca y preparó otro vacío que colocó al lado, como si fuera el comienzo de una colección.

 

 

 

 

eroticonda

 

No quiero abrir los ojos pero hay una orden interior, una voz que me obliga a hacerlo, me resisto sin embargo y por ahora logro mantenerlos cerrados.
No quiero perder este mundo puro de sensaciones. Este olor que me envuelve y me hace resbalar en las caricias húmedas, tibias, demoradas que doy en tu espalda, en tu lomo.
No puedo perder de vista mi respiración que aspira a tenerte completa, casi a comerte.
Te monto y siento tus movimientos espesos que vibran debajo de mi cuerpo. Tengo la sensación de estar a punto de alcanzar lo que nunca será, una experiencia circular que no se puede repetir, una inminencia latente, una sinuosidad en el aire.
No tengo más espacio entre tu cuerpo y el mío, no alcanzo a rodearte con mis brazos, estoy adentro y afuera al mismo tiempo, ocurre una simultaneidad imposible que es como un pliegue en el tiempo, te siento venir cuando te estás yendo, te siento irte cuando te acercás, tus músculos vibran como aros cilíndricos, como olas en la orilla de la piel, como espuma recién formada.
Entro en tu cuerpo caliente y sedoso, siento palpitar las mucosas alrededor de mi carne, el sonido de nuestra fricción parece un chapoteo viscoso, un crepitar de aceite, un crujir de algas debajo del agua. Amenazo con desbordar, con romper la presa, con inundarte, pero sofoco el estallido un poco más. Ciega catarata amordazada que empuja la marea, me pliego, me arrugo, me expando, me sublevo, me apuntalo, me proyecto como un rayo.
Siento aumentar la ronquera de tu respiración, recibo el aire caliente que exhalas en mi cara, percibo el olor dulce y agreste de tu aliento que hacen abrirse más y más las ventanas de mi nariz y como un movimiento reflejo una apertura contagia a la otra y por fin se abren mis ojos sin que yo me dé ni siquiera cuenta, es una relajación extrema de todas las resistencias, siento que ya no vale ni sirve ni se puede contener nada, en el momento final abro los ojos y veo como una aparición la forma cilíndrica, la gigantesca oruga verde de piel gelatinosa que me mira amorosa con su único ojo y su enorme boca abierta en la que brillan afiladísimos dientes acercándose a mi cara con indisimulables intenciones de devorarme de una buena y bendita vez.

 

 

 

binario

 

Siempre lo mismo

ahora no ahora sí

necesidad o compensación

causa o defecto

salto casilleros llego al cielo

pero no puedo

mentir no quiero

seguir

así como así

el otro lado del espejo

el fondo del pozo

al alcance de las manos

si me doy vuelta de pronto

sorprendo a mi sombra

intentando huir

atándose en el viento

ahora sí ahora no

quien podrá decir lo mismo

de mí

quien podrá

ser otro distinto

que entienda qué significa

ser uno como yo

doble o sencillo

amor o dolor

aquí o ahora

quemo etapas llego a la meta

pero no hay final

no hay amor sin vos

sin dos

no hay pena no hay amor

no hay nada

más que un hombre

y su doble

o su sombra

siempre lo mismo.

 



fútil

 

¿qué he sido? funámbulo fugaz
equilibrista frustrado herido de muerte
casi muerto por asfixia provocada
por exceso de sonido efésico
enfermo de simetría
sojuzgando la presencia altanera
de la rima en demasía
jinete intermitente de la suerte
ángel vespertino de una sola ala
volando en círculos alrededor
del ojo del volcán de la boca
ciega de la caverna
contemplador empedernido
de la belleza que no está
que ya se ha ido

 

biografía

 

nací

amé

morí

 

 

 

des afora do

 

Corro delante
de la primera persona
del singular
quiero poner distancia
saltar fuera de mí
me siento escupir el aire
como si no
fuera necesario respirar
no sé si la realidad
durará
tanto como mi carrera

escaramuza

 

no minar

 

Palabras en la pizarra
de un bar
palabras en un cartel
de publicidad
todas las palabras
me hablan de vos
y a la vez hacen mención
a lo absurdo del mundo
palabras en la hoja blanca
de un cuaderno
atadas todavía a la tinta
que las dibuja
tentadas de gritar
para romper el silencio
del que salieron
la tarde se apaga
como la pantalla de un monitor
acá no hay nada para mí
ninguna palabra te nombra
porque yo no me atrevo
a escribirla
y voy rodeando tu ausencia
avanzando en espirales
de pensamientos vacíos
hojarasca que cubre
mi cuerpo desnudo.

 

imagen

 

Una mujer joven parada sobre una piedra
como un pedestal, esperando
una señal,
sobre ella se balancean dos zapatillas
colgadas de un cable, logos
en el aire
la chica no sonríe, ni falta que hace
los árboles sin hojas no tienen pájaros
lejos se oyen los ladridos de un perro
planeta cartón, ni el río rima ya con nada…
mañana será otro día.

 

un demonio menor

un demonio menor

escribir

 

Escribo contra la corriente, porque escribir significa creer todavía en algo, porque si no lo hiciera la pulsión de muerte me arrastraría, me pasaría por arriba, me borraría del mapa.
Escribo para no arrepentirme de no hacer, para interpelarme, para sacarme la máscara y dar la cara por mí, para prolongar la función más allá de los bostezos del público postergando indefinidamente el acto final.
Para sospechar que pasado un tiempo vos estarás leyendo y llegado a este punto pensarás: otra vez el recurso de interpelar al lector, pero no podrás dejar de leer porque si lo hicieras el texto moriría.
Porque mis palabras pretenden tejer un conjuro, porque escribo como quien construye una máquina inefable, un mecanismo preciso cuya función no se conoce todavía.
Escribo sabiendo que será inútil pero lo haré de todos modos, añorando la alegría de los que saben o creen que todo es un sueño, que nada merece ser tomado en serio, que el tiempo no existe.
Escribo porque es un acto físico y para mí es igual que dibujar. Un trayecto, un itinerario, un paisaje, casi un retrato.
Porque creo que la palabra tiene poder, que materializa y concreta, que puede sanar, revelar, ser transformadora.
Y también porque escribir es hablar en silencio.
Y es económico, mínimo, verdadero.
Y porque implica no estar solo.
Escribo porque todavía soy capaz de amar.

 

el pintor

 

 

Giorgio el misterioso

antes de transformarse

en Giorgio el oscuro

arrojó las claves del silencio

en la tela vistió los maniquíes

del dolor que provoca

la ausencia del deseo

contradiciendo a Buda

antes de contradecirse

a sí mismo buscando ser

clásico en su anacronismo

en cualquier plaza vacía

subrayada por el humo del tren

hay enigmas eternos

que se deslizan huyendo

por el declive vertiginoso

que separa la luz de la sombra

por la arista que hiere de soledad

a los objetos y al hombre

que no está.

 

 

xul

xul

opacar

 

Empecé a pensar
que llegar al final
era cosa de no creer
me di vuelta en el aire
para caer hacia arriba
me arrastré a la par
de mi sombra
ignorando el ángulo
que nos separaba
sintiendo en la suela
de mis zapatos
esa desolación de frontera
en el filo de la luz
como si fuera necesario
dejar un rastro
para la memoria
sangrando oscuridad

 

así es mamá

 

Generosa va dejando sus fluidos alrededor
como maná para sus hijos
contando los dedos de sus manos
de sus pies las penas de su pecho
los pechos secos de su presente
alrededor de la mesa puesta
donde la comida fría se devora
el tedio las lagañas del ojo marital
cuidado con las palabras cuidado con
el perro que cuida la puerta no ladra
sin motivo aparente los detritus tristes
taladran la memoria nos habíamos amado
tanto fue el cántaro que al final la fuente
colmada de reproches se comió la alegría
tarde vacía llovía sobre mí en el futuro
no habrá psiquis capaz de amar tanto
olor a cuerpo viejo cansado muerto aún así
tiene su habitáculo en la memoria
había una vez un niño escapando de su casa

 

ex voto

 

Hace un tiempo perdí mi mano derecha
en una batalla en Plaza de Mayo
en medio de un torbellino de gases
machetes y caballos
fue una hermosa escena barroca
donde la sangre era el pigmento dominante
ahora, con mi capacidad de acariciar
reducida en un 50 %
cada vez que hay una manifestación en la plaza
un chirriante cosquilleo invade con furia la mano ausente
ocurre que tengo un muñón en extremo sentimental.

 

escribir en el aire

 

Una línea que dibuja
las parábolas invisibles
del vuelo de una mosca
durante toda su vida
hasta que la veo morir
en mi mesa bajo la lámpara
sobre la blanca hoja iluminada
para ella como un escenario
esa línea es lo que escribió
la mosca con su cuerpo
con su vida que termina aquí
provocando en la mirada testigo
esta reflexión esta mínima ceremonia
de sepultarla en la tierra húmeda
de una maceta en el balcón

 

solitud

solitud

 

Un hombre parado frente a la lluvia
se distrae leyendo un periódico.
En algún lugar de la ciudad
dentro de un subterráneo en marcha
otro hombre escribe de corrido una frase:
                                 -Guillermo es tímido-
                                 -Guillermo es tímido-
                                 -Guillermo es tímido-
La lluvia cae con fuerza
sobre un bidet abandonado en el baldío
dos o tres moscas perdidas
golpean los vidrios de mi ventana
yo me dejo ir con las gotas que caen
y me estrello contra el suelo.
Es la tarde de un sábado.

 

corrido

 

La mudez del cuerpo
es puro desplazamiento
ahora todo es
deseo textual

 

 

yerto

 

Estoy tirado en el piso cara al cielo y no hay un centímetro de mi cuerpo que no me duela. El peor dolor es el de los ojos, no puedo cerrarlos porque me estallan los párpados y la luz blanca del cielo me lastima, me quema. Tengo adentro algo que se mueve desgarrando todo a su paso, es como una masa de materia que se desplaza separándose del resto, pienso en un alud de carne. No puedo ni quiero gritar, el esfuerzo me haría gastar la energía que necesito para aguantar este sufrimiento. A pesar de tener los ojos abiertos y sentir la herida que me produce la potente luz del día, no veo nada de lo que me rodea, sólo tengo visiones internas proyectadas en una pantalla virtual delante de mí, me veo corriendo por un parque, tengo ¿dos, tres años?, un perro salta a mi alrededor, es Pancho, mi perrito que está tanto o más feliz que yo por estar juntos. Ya casi lo agarro, tengo su cola al alcance de mi mano y cuando me inclino un poco más tropiezo y me caigo, mi cara se arrastra por la arena húmeda y me raspo las mejillas, el dolor me hace llorar. Viene mi madre corriendo, cuando la siento cerca lloro con más fuerza todavía y ella me abraza, me levanta y me lleva al mar, con sus manos me enjuaga la cara con suavidad, el agua está fría pero me hace bien. Cierro los ojos y los abro enseguida, veo un avión en el cielo dibujando letras con humo. Tengo mucho frío no me gusta el frio y no me gusta usar mucha ropa y no me gusta la ropa de lana. Alguien dijo que el cuerpo era como la ropa, un vestido o un traje, capaz que tengo frío porque estoy perdiendo el cuerpo; siento que algo se derrama, un líquido que sale de su lugar, que desborda. Siempre pensé que iba a morir ahogado, que iba a dejar de respirar adentro del agua, quizá me esté inundando para que el agua me cubra hasta quedar sumergido en mi propio jugo. Humedad, un colchón sin sábanas en un sótano, cerrar los ojos para pensar que todo es distinto, que eso no está pasando, que al abrirlos será otra cosa. Sentir el sol en la piel calentando cada centímetro y una laxitud creciente en los músculos. Un abandonarse al rumor del mar, una hipnosis que mece la mente y la anula. Olor a verano, olor a vida. Las letras de humo en el cielo parecen nubes, pierden de a poco su forma mientras el avión dibuja otras, las nubes parecen animales, montañas, cambian de color a medida que el sol baja, tienen bordes grises o rosados. Deben ser muy húmedas, debe ser muy distinto estar adentro de una que verla desde acá. Yo quería estar en los dos lugares a la vez, mirando desde acá y adentro de la nube. Ser la letra y la nube y el cielo y el que mira todo. ¿Y el avión? Ya se fue. No poder cerrar los ojos es como no tener párpados, como estar despierto siempre, aunque uno no vea nada, aunque sea ciego. ¿Fue Buda el que, según la leyenda, se cortó los párpados y los tiró lejos para no dormirse cuando meditaba? De esos párpados caídos a la tierra surgieron las hojas de té. No quiero morirme con los ojos abiertos, no quiero parecer un pez, ojos muertos abiertos. El mar remoto, el mar inabacable. Me gusta el olor del mar. Musgo, algas, calamar. Palabras en el agua, inundadas en la boca abierta que traga todo lo que tiene cerca. El agua blanda, ablanda la materia orgánica. Pero también puede ser dura, el frío la detiene, la congela. Hielo, frío, muerte. Movimiento detenido. Inmóvil. Quieto. Como las estatuas a las que juegan los chicos, a las que jugábamos cuando éramos chicos, cuando el que contaba, uno dos tres pelito es, se daba vuelta de golpe y todos congelados como estatuas, aguantando la risa, rígidos en una pose absurda. También jugábamos a morirnos, a estar muertos, pero eso era otra cosa, más grave, algo inalcanzable que nos quedaba fuera y por eso nos gustaba intentar acercarnos. O volar, fingir que volábamos, eso se sueña también, de más grande, uno sueña que vuela y hasta adquiere cierta destreza; a mí en los sueños siempre me pareció arrastrarme por el aire con una parsimonia indiferente, como si no hubiera tiempo, como si el tiempo no existiera, no pasara, como si no hubiera transcurrir. Como mi gato que estaba quieto casi siempre, mirando la nada, o mirando algo que nosotros no veíamos, en silencio, calmo, elegante, indiferente. Yo quería ser como él. A veces me sentaba igual y me quedaba quieto, dejaba que mi mirada se perdiera en el aire, los que me veían así me preguntaban qué pensaba pero yo no respondía. No pensaba en nada, trataba de no pensar, de simplemente ser, estar. Trataba de entender cómo era sentir la luz en la piel y recibir alimento vital de un poco de calor, de un rayo de sol insignificante en cuatro centímetros cuadrados. Dicen que en la vida hay circunstancias o hechos que prefiguran otros, ahora recuerdo uno que puede haber sido el boceto de este, de esta situación. Yo jugando en el patio de casa, debajo de la parra, colgándome de los tirantes de madera que la sostenían. Era Tarzán, el rey de los monos yendo de una rama a otra, de un tirante a otro. De pronto uno de ellos se rompe, no sostiene mi peso y yo caigo de espaldas al suelo, doy con toda mi espalda plana en un golpe seco, casi perfecto. El shock provoca que se me cierren los pulmones y la sorpresa me hace abrir los ojos y la boca en forma desmesurada. Estoy en silencio, no puedo respirar ni gritar ni moverme. Vienen mis padres, me rodean y me hablan, me preguntan, pero yo no los veo, solamente veo la luz del sol entre las hojas de parra y me voy poniendo morado, hago fuerza pero el aire no entra ni sale, estoy inmóvil a merced del tiempo, del reloj cronómetro que tiene marcados los minutos que me tocará vivir. Minutos que duran toda una vida, que se prolongan hasta ahora, en que estoy igual, sin moverme, sin hablar, sin cerrar los ojos, sin poder ver más allá de ahora. Otra vez siento algo adentro, algo me tira en el abdomen, jala hacia abajo los tejidos y los órganos del tórax, duele y rasga, es una tensión que amenaza romper todo lo que aún no está roto. Aquella vez el aire al fin entró en mis pulmones, lo recibí justo en el límite de la asfixia. Esta vez no sé, creo que se hará de modo inverso. Esta postura parece la del boxeador al que han noqueado, que sabe que ya no se va a levantar. Siento la inminencia del final, hay un instante mágico en que el dolor desaparece, se esfuma, se produce un inmenso silencio, aprovecho para cerrar los ojos pensando que todo está por terminar, que esta pesadilla se acaba, que puedo detenerme por fin. Aprieto la tecla. Stop.