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tancarloscomoyo

matar el tiempo

 

Inflando forros hasta que queden del tamaño
de baguetes esos panes espectrales salchichas vacías
de contenido salchichas obscenas pero menos obscenas
que las verdaderas salchichas inflando forros queriendo
matar el tiempo hasta reventar el aire comprimido
en los pulmones en el mundo el aire entero
que rodea al planeta esta tarde esta noche que habrá
luna llena y será el cumpleaños de alguien y habrá
alguien que me amaba y ya no me recuerda cómo
era cómo éramos en el tiempo en que usábamos
el tiempo de otra forma después de inflarlos
lo mejor es hacerles un nudito en la punta
tirarlos por el balcón soltarlos en el aire que vuelen
como colecciones privadas de suspiros envasados
sobre la ciudad sobre los techos del suburbio sucio
como la memoria sucia como la muerte porque esta
noche alguien habrá de morir alguien habrá muerto

 

si yo fuera antoni tàpies

 

Pintar un cuadro
con la sangre de Sánchez
de Rodríguez de López
escuchar un tango
en un aparato japonés
pintar un cuadro
con café con mate con té
sobre tela de mantel
acaso es color local
lo que te hace falta
la miseria fotografía
muy bien en blanco y negro
pintar un cuadro con carbón
escribir con cal sobre fondo
negro negro negro
hacer una cruz en el medio
con sangre de Pérez
de Giménez de López
qué cosa este país
cada día mata mejor

 

quién sabe

 

Había aire
había vacío solamente
unos pasos más allá
lo mejor era no detenerse
para cambiar de tiempo
verbal
lo mejor era cambiar
de cuerpo en pleno vuelo
aunque para eso hace falta práctica
lo mejor es ensayar por la mañana
cuando estás seguro
de que resta todavía mucho día
cuando las cosas aparentan
ser lo que parecen
lo mejor es caminar como quien baila
un pie delante y otro detrás
un leve giro no perder
la gracia
no perder el humor
no perder
la calma
lo mejor es leer al revés
y siempre permanecer
en movimiento
más allá está el silencio
y quién sabe qué
más

 

abril

 

Abril es el nombre de un mes, el título de una canción de P. J. Harvey y también el nombre de algunas chicas que ahora deben tener quince o dieciséis años. En abril un general borracho invadió territorio ocupado por Gran Bretaña y nos llevó a una guerra y a una derrota anunciada. En esa época mi hijo estaba por nacer, pero no nació en abril, nació en mayo, ya en guerra plena. Cuando yo era un niño no podía pronunciar abril, me salía “abrir” y todo el mundo se reía, todo el mundo menos yo, que me ponía a llorar pensando que se estaban burlando de mí.
En el hemisferio norte hubo alguien que dijo que era el mes más cruel, acá no lo es, porque la memoria y el deseo se juntan en otra época, pero eso siempre me quedó dando vueltas. Lo de la memoria y el deseo, digo. Como me quedó dando vueltas eso de que “en mi fin está mi principio”. Me gustaría decirle estas cosas a mi sobrina Andy, conversarlas con ella, estoy seguro de que las entendería. En especial lo de “en mi fin está mi principio” y esta otra frase que está un poco antes: “en mi principio está mi fin”. Parecen especulares pero no lo son, o no del todo. Con ella me gustaría hablar esto, pero ella no está, también se fue, también en abril. Ahora que lo pienso, yo creía que la entendía y sin embargo no era tan así, nunca supe hasta dónde sufría, hasta dónde le dolía vivir. Me acuso de necio, de ciego, de poco sensible, pero todo esto no sirve de nada. Ella no puede escucharme y yo no puedo leerle a Eliot. Hace dos días estuve en la estación de Ringuelet, hace quince años le saqué unas fotos ahí, se había cortado el pelo muy cortito, a lo varón, estaba tratando de salir de una mala época y yo le dije que le quedaba bien, que estaba linda, y me sonrió. Hicimos unas fotos que me parece que le gustaron, de esas fotos no tengo ninguna. Pero tengo el recuerdo, y lo tengo muy fresco. No puedo hablar de ella con casi nadie, y tal vez tampoco pueda escribir sobre ella y esto termine abortado. Tengo que mantener la emoción a raya o esto se va a la mierda. Lo intentaré. Ella quería ver el sol de frente y lo miraba con los ojos abiertos, a sabiendas de que eso podía cegarla. Ella quería todo y sometía su cuerpo a esa sed. Era una humana del mañana, que periódicamente se vaciaba en lágrimas, entrenada en perder lo que más quería. Exploradora de la incompletud. Habitante de la zona media, puente y transmisora. Y a la vez la que soporta la tensión, hasta que no se soporta más. A veces daba la impresión de vivir como si estuviera pendiendo de un hilo, de una relación, de un proyecto, de una idea. Quizá por eso (ahora lo conjeturo), eligió morir así, eligió ese modo de irse. En mi principio está mi fin.
Para dejar de vivir cuando uno lo decide hay que poner el cuerpo, entregarlo. Constituye un sacrificio, una inmolación. La única llave para abrir el paso a otro mundo, más allá de la vida. Abrir en abril.
Ella tenía una pintura de una mujer crucificada, que a pesar de estar en ese trance sonreía, como si hubiera logrado su propósito, como si hubiera llegado a la meta. Creo que se identificaba con esa imagen. Y tenía otra pintura, de un personaje sumergido en el mar, solo y abandonado bajo un cielo hermoso pero amenazante, con una expresión desolada y triste. Estoy seguro de que con esa imagen también se identificaba. Ambos personajes inclinaban la cabeza hacia la derecha.
Tenía una tendencia muy fuerte a ayudar a las personas que la rodeaban, y una imposibilidad profunda de ser ayudada, de ayudarse a sí misma. Muchas veces parecía autodevorarse. No hablo de destruirse, hablo de comerse, fagocitarse. Alimentarse de su propio cuerpo, y terminar excretándose a sí misma. Una comunión solipsista. También el intento de una metamorfosis, una transformación. En mi fin está mi principio.
Ahora abril será siempre un mes triste, un mes de despedida, el mes del adiós.

 

 

jugo

 

Una rodaja de limón
es un reloj de horas diurnas
me hace pensar en una antología
de todas las cosas redondas
y amarillas del mundo pero
no hay tiempo para enumerarlas
en este reloj de nueve gajos
tan apto para aderezar un trago
o acompañar el té verde
este cuadrante que muerdo
para astringir lágrimas y mocos
los fluidos y las secreciones
provocadas por un agujero
que no se ve que está dentro
de la cáscara de mi cuerpo
ese orificio que produce
un remolino que gira
en sentido contrario a las agujas
de este reloj de nueve horas
como si pudiera volver
al tiempo en que ese agujero
no existía todavía y el limón
ni siquiera había sido
desprendido de su rama
la mueca que provoca
en mi rostro su ácida potencia
parece una sonrisa o un rictus
de dolor sostenido en silencio
en el tiempo que dura un hiato
en el espacio que existe entre
un punto y otro punto y otro punto
en una línea de puntos

 

swingin' easy

swingin' easy

 

El disco de Sarah Vaughan siguió sonando a pesar de que nadie podía escucharlo. Eso es lo que sucede con ciertos sonidos, necesitan ser oídos para tener sentido. La música y el teléfono son un buen ejemplo de ello. La voz inolvidable de la Vaughan se arrastraba por la penumbra de la sala vacía, demorándose un poco aquí y allá, en los pliegues de las cortinas o alrededor de las copas a medio tomar, sufría un levísimo temblor al atravesar la luz de la luna que entraba por el ventanal y se derramaba luego dulcemente en el aire de la noche como si cayera y flotara al mismo tiempo. Era Swingin’ easy, el disco favorito de Alejandra, una grabación de 1957 donde la Vaughan hace maravillas con su voz. Ese de la tapa en la que ella está sonriendo, vestida de rojo sentada en un BKF igual al que hay en el living, en el que habían intentado amarse para terminar dándose cuenta de que no fue pensado para eso, Gonzalo decía que le hubiera gustado saber cómo imaginarían una cama los autores del famoso sillón.
También decía que ellos no podían separarse a pesar de que lo que sentían ya no era lo mismo de antes, que no podían ni debían, que estaban unidos en cuerpo y alma, así decía. Y Alejandra parecía creer lo mismo, que así era y así debía ser. Hoy habían hablado otra vez de eso en la cena, por eso cuando llegaron pusieron el disco en el equipo, se sirvieron unas copas de vino, tomaron un trago y se fueron juntos al balcón francés desde donde parecía que la noche no iba a terminar nunca más.

 

 

a tarde ser

 

El cielo color gris cinco en la escala
de valores encapota la silueta de la city
en medio de unos edificios viejos
sube una columna de humo blanco
mi hemisferio izquierdo me dice: incendio
miro las nubes me gusta el cielo así
debajo del puente todo es negro casi
no hay agua ya ni vida queda
unas bandas amarillas el reflejo de las luces
la noche inminente el viento amenazante
el horizonte desaparecido el agua en el aire
el lobo no abre la boca ya casi no come
no queda nadie que se jacte de estar vivo
al lado del puente un inmenso cartel rojo
exhibe un slogan de campaña una frase
de ocasión: la seguridad se hace
del otro lado el cartel rojo de Caserita
postales de la frontera poemas sin escribir
teléfonos mudos habitaciones vacías
recibo un mensaje que me dice que la nada
y el vacío son inspiradores preferiría no saberlo
preferiría estar lleno mi hemisferio derecho
piensa en la luz piensa en el espacio
piensa en color rojo negro blanco gris
salgo a la curva del balcón me dejo mojar
de este lado y del lado de allá es igual
el lobo no está el lobo perdió los dientes
el pelo las mañas murió por su boca
ahíto de carne podrida harto de alimentar
los rincones del conurbano con su fama
no era en verdad un lobo era un perro
abandonado cansado de ladrar para nadie
el humo blanco ahora es negro el cielo
también como la boca del lobo muerto
como la muerte que espera en el horizonte
como la noche que espera por mí

 

 

yo era

 

Yo era un buscador de oro
con pies de barro
que no encontró nada
más que la piedra
que persiste en el tiempo
yo era silencio
sombra de humo
puro yo agazapado
en lo más hondo
de la carne elemental.

 

santo oficio


Jesucristo tenia una estrategia
de comunicación, el mensaje
más sofisticado transmitido
por los canales más simples
y en la mesa siempre había
pescado fresco un poco de pan
unas cuantas copas de vino
algunas mujeres llamadas Maria
lo suyo era lo básico
una túnica un par de sandalias
hablar en parábolas caminar
sobre el agua perdonar al enemigo
siempre me pregunté si su padre
construiría cruces en la carpintería

diagrama

 

“La diagonal es la distancia más corta
entre la ausencia y el placer”
así fue como aprendimos a ser oblicuos
a caminar borrando las huellas
a cruzar el río y volver
a la misma orilla
a despedirnos antes de haber llegado.

(No es un error de procedimiento,
solo una incorrecta interpretación de la geometría).

 

foujita

foujita

 

Kikí de Montparnasse estaba molesta, y no era por el frío que hacía en el estudio, a eso estaba acostumbrada. El japonés no le hablaba, si bien era cierto que su francés era muy rudimentario y su carácter extremadamente reservado, pero además se lo veía inquieto. Era su primera sesión. Por recomendación de Man Ray vino a dar al atelier de Foujita, y éste la recibió con mucha cordialidad, a su gusto un poco excesiva.
Le indicó un diván en el rincón, le pidió que se quitara la ropa y le sugirió una pose, y ahora no dejaba de dar vueltas, la miraba y miraba el papel, miraba a su gato y la volvía a mirar a ella.
Algo parecía no funcionar. Algo estaba fuera de lugar. Trazó un par de líneas con lápiz y detuvo el trabajo. La miraba a través de sus gafas redondas y su pequeño bigotito parecía vibrar, pero no hablaba.
De pronto pareció tomar una decisión y se acercó a ella caminando lentamente con algo en la mano. Kikí sintió miedo pero no dijo nada, observó la figura menuda acercándose y cuando estuvo a un metro vio que Foujita tenía en la mano un pincel de punta finísima embebido en tinta china, una sonrisa le iluminaba el rostro, se acercó más, se agachó y comenzó a trazar con el pincel, uno a uno, los cabellos de su inexistente vello púbico.
De modo que era eso, la ausencia de la sombra triangular en su sexo ponía nervioso al pintor, que con paciencia le dibujó una hermosa motita de exquisitos cabellos.
Luego se paró, volvió a su tablero y comenzó a trabajar con decisión y alegría.
El gato se arrellanó en su silla.
Kikí se acomodó en su diván con la certeza de que esa noche ella poseía la vulva más bella de París.

 

no

 

No me des la espalda
ni aún así
que me sorprendas
trepando por el chorro de agua
subiendo por la columna de humo
no me quites la palabra
ni que fuera
mi discurso incomprensible
mi verbo abrumador
ya verás que no me ahogo en tu agua
ni aún así
que me respires a mí
no me camines los pasos al revés
como si fueran huellas en el viento
que no dejaron mis pies
no me digas que no
y no te lo diré yo
ni ahora
ni después.

sub marino

 

Este raro amanecer agonizado
tan cerca del límite de mi propio yo
tiene que ver con los restos de un amor
que son marcas en el mapa
del viajero cansado que por fin regresa a casa.

Esto no es un juego, hay algo
que enajena esta mañana, soy el mismo
pero no, las formas blandas
del mundo no resisten nitidez alguna.

Todo es precario, inasible, fugaz,
semejante a la luz que se mueve en la densa niebla
como si nadara en el aire.

Este despertar desestabilizado
se corresponde con la inefable sensación
de habitar en un mundo submarino
sin llegar a comprender del todo
la literalidad del agua.

 

polvo

 

El polvo entra en la casa
a su aire
al amparo del sol
el polvo ama las cosas
las cubre se pega a ellas
a la espera de que venga
un niño y dibuje con su dedo
un pájaro una nube un tren
un niño que sonríe
mientras dibuja con su dedo
en el polvo en la arena
en la ceniza del tiempo
que cubre las cosas y los cuerpos
y los sueños y los recuerdos
y el espacio que hay entre ellos
que nunca está vacío

 

arder

 

Déjame descansar sobre tu alfombra
dice Anne Sexton en el poema, aquí no hay
alfombra alguna pero es una tarde
para descansar, leo recostado en el sillón,
afuera arde el aire de febrero y el hipnótico
ladrido de perros lejanos, muertos de tedio
y de sed, rebota entre los edificios,
al poco rato me quedo dormido
y ya no sucede nada más.
Despierto mucho después con el libro en la cara,
mi respiración tibia humedeció el papel
y algunas palabras quedaron pegadas a mi boca,
no es que mi aliento se haya unido
al aliento poético de Anne, ni que yo
haya bebido sus palabras cuando dormía
pero leo: aquí está el ojo, aquí está la joya
esa frase me inquieta de una manera
desconocida, tengo mucha sed,
tiembla la luz que me rodea
y yo caigo en el último verso:
ardo del modo en que arde el dinero.

 

error

 

Un ovillo de sonido
antojadizo de anidar
en el silencio
hace escala en mi cabeza
se deja aplastar por dos
silogismos intrascendentes
se prepara a urdir una maraña
una red in situ se deja
recorrer por la corriente
eléctrica de la corteza cerebral
se deja caer en el error
de considerarse una obra
de Marcel Duchamp

 

nexo bahiense

nexo bahiense

 

una nota lindísima debida a la multifacética Natalia Molina, publicada en Nexo, el suplemento cultural del periódico Ático de Bahia Blanca, el 18/01/09

¿yo?

 

arrivederci roma
el que se quedó solo se embroma
los muñecos abandonados de la infancia
intoxicados de naftalina en los desvanes
arrullándose a si mismos
pasará pasará pero el último quedará
pues entonces quién lo tiene
la muerte es la última frontera del deseo
cada vez que puedes
flirteas con ella
¿yo señor?
no señor,
yo argentino

 

o de otro

 

Me preguntaste en qué pensaba te dije en nada
pero no era cierto, pensaba que en algún lugar
debe haber un orificio, un agujero único
no demasiado diferente a otros por el que si uno mira
del otro lado no ve nada y ese es el ojo de la aguja
por el que debe pasar el camello, es el legítimo agujero
por el que hay que hacer pasar el mundo hacia el otro lado
para darlo vuelta como si fuera un guante para que al fin
la cosa funcione todo tenga sentido sea posible ser feliz
el orificio no debe ser demasiado grande lo imagino
del tamaño de una boca formando la letra o
con eso alcanza con eso debiera ser suficiente pero el hombre
que haga el trabajo el hombre que empuje el mundo
al otro lado a través del agujero ese hombre sí, ese hombre
debe ser una cosa seria ese hombre no debe tardar en llegar

 

licuefacción

 

Fui a tomar el café y se me cayó
la cara dentro de la taza
la sorpresa hizo que se me cayera
la taza de las manos
lo tomé como una señal
y mi corazón cayó en la incertidumbre
y yo me perdí en un mar de dudas
justo en este planeta que está
cubierto de agua casi por completo