hacer camino al andar
fotografía de Robert & Shana Parke Harrison
fotografía de Robert & Shana Parke Harrison
obra del pintor chino Xi-shixin
Estos hermosos jóvenes morfológicos
caminan por el borde de la cima
epidérmicos obsesos peripatéticos
lucen la herida donde no lastima
sangran anilina, habitan castillos
de parafina, comienzan siempre
donde ya termina, abusan
como nosotros de la rima
de la autoestima, la adrenalina
y es inevitable que un día
se conviertan en maduros
pretenciosos neuróticos semióticos
que lucen el discurso como gema
que presumen saber lo que hay afuera
que todo lo ven como fonema
que todo lo que vale siempre cuesta la pena
Siempre me asombró la inconmensurable disparidad del mundo. Es un alarde de creatividad de la naturaleza, miles de millones de rostros distintos en una combinatoria exponencial, produce vértigo solamente pensarlo. Pero esta manifestación de poder tiene una falla: la transmisión de códigos genéticos. Los hijos que se asemejan a sus padres, los hermanos que se parecen entre sí son variaciones imperfectas que tienen algo de monstruoso, de burla de la forma. Las considero mutaciones imprevisibles y presuntuosas, deformidades que exhiben su manifestación del error como una bondad de la química. Estas versiones degradadas de lo mismo insultan el original con su rencor por la pérdida de la novedad, cargan con el peso del código repetido, son un espejo que acerca y aleja al mismo tiempo. Es mucho más genuino lo diferente, lo extraño. Por otra parte creo que es lo único que se puede amar.
fotografía del jardín de mi casa de la infancia
La mujer le canta a la luna
que desvela al pájaro que hurga
en la hendidura de la mujer
una estrella es el ojo del seno
de su pecho ese ojo unido a mí
unido a ella por una línea
esa estrella que guiña luz
de perfil movimiento de ala
va del ombligo al llanto
de una lágrima sola, diamante
congelado en la noche azul
donde brilla la luna en forma
de coma haciendo una pausa
en el texto del silencio
brilla la luna sonrisa
ojo que guiña
gancho de donde cuelga la mujer
del sueño o el sueño de la mujer
pico de pájaro canto
tan sexo tan cerca el ojo
de abajo suspira la boca
de abajo canta la luna
es la mujer el pájaro
soy yo la estrella
está en un lienzo
el sueño
es de Miró.
Buscándote entre decenas
de palabras muertas que caen
de mi lapicera
transcurro la tarde en el desconcierto
de no saber qué hago aquí
ni a quién espero.
obra de Edward Hopper
Esta mañana desperté, me vi solo en la cama y pensé: estoy solo, después me
di cuenta de que el yo siempre está solo, es una condición inherente a él,
entonces empecé a pensar en esa palabra, yo.
La veía dibujada en mi mente con toda claridad. Dos letras, dos grafismos,
dos componentes distintos. No me interesaba ver las cosas desde el punto de
vista psicoanalítico, me quedé en el análisis de las formas, es decir, partí
de ahí.
Dos letras. La y. Primero lo que significa: incluye, suma, atrae, considera
al otro y lo quiere con ella, sería la parte social de la palabra, la que
sale al mundo, al otro, la que se brinda, sobre todo por su forma, su
dibujo, es un tronco que se abre en dos, como un árbol que se ramifica, se
abre, se da, son dos caminos en uno. Vista de modo invertido el sentido
varía y enriquece la lectura, son como dos vertientes que se avienen a
formar un mismo río, una misma cosa, dos cosas que se unen y se fortalecen y
se hacen una, en algún punto es una letra erotizada, y ese punto sería el
vértice donde las tres líneas confluyen, pero ese es otro punto.
Y después la o. Una letra autosuficiente, concentrada en sí misma, en algún
sentido presuntuosa, letra que siempre significa una elección, es esto o lo
otro, obliga a optar, impone una exclusión, en algún sentido es ella o nada,
o nadie. Es como una barra que separa una cosa de la otra, presume de
perfección, se parece sospechosamente al cero, a la nada, su vocación de
circunferencia la asimila al movimiento perpetuo alrededor de sí misma,
algo que se parece mucho a la inmovilidad. Es la parte introspectiva,
solipsista, profunda, secreta, ¿ontológica?. La fuerza centrípeta de la
palabra. El agujero que lleva al ser.
De pronto pensé que me había ido lejos y decidí volver.
Y pensé que si la o se parece al cero, la palabra yo en inglés se parece al
uno, I.
Coherencia formal con el sentido ¿o casualidad? ¿O el viejo vicio de rizar
el rizo?
Volví al castellano, me gusta que la palabra tenga dos letras, lo encuentro
apropiado, sin saber nada del ser, me parece que es mejor así.
Entonces tenemos una parte inclusiva y otra introspectiva, una letra abierta
y otra cerrada, y ambas forman una sola cosa que es yo.
Ahora bien, y vos?
Vos que no estás, cómo sos? Una letra más y dos muy parecidas.
Me gusta que tenga tres letras, también me parece apropiado.
La v, casi una evolución de la y, algo más perfecto, las dos vertientes o
ramas unidas para siempre en una sola forma, ya superada la etapa de lo que
eran antes de dividirse, una forma triangular y aguda, impecable, una punta
de flecha, una afirmación en sí misma. El punto que se apoya en el mundo o
la nada y lo sostiene todo. El punto que señala y del cual a la vez todo
parte.
La o , ya se sabe, ya está dicho, pero aquí tiene otra ubicación, central y
equilibrante, gira entre dos formas, es como el fiel de una balanza.
Y por fin, la s, sinuosa, elegante, femenina y sensual, la misma forma que
simboliza la unión del yin y el yang, la letra que abraza, que sonríe, que
es serpiente siempre y movimiento y unión, la letra que dice sí. La letra
sexy. La sex symbol de las letras.
Entonces se me ocurre algo, superpongo las imágenes, las palabras, yo encima
de vos, da una unión, una suma impecable que forma una nueva palabra, yos.
Me parece una palabra perfecta, aunque alguien pueda decir que es
incorrecta, ya que un yo más otro yo son dos yoes. Para mí está bien así,
yos, no falta ni sobra nada.
Después le estaba contando a un amigo estas reflexiones y me dijo: deberías
escribirlo.
Yo le contesté: lo voy a pensar.
Tantos cadáveres en este río
que parece que nunca son demasiados
que demasiados no son suficientes
la historia negra de estas aguas
inunda las orillas de los escritorios
la boca abierta de los ahogados
deja pasar el agua el silencio el barro
bostezando de tedio en el lecho oscuro
los peces eligen no comer de esta carne
será el agua otra vez la que deba
deshacer los cuerpos de los intrusos involuntarios
borrarlos como testimonio y evidencia, asimilarlos
al magma subfluvial, este cauce facilita
todos los ocultamientos
este río que de tan abandonado parece
un océano en su eterna soledad
este río que no canta, río sepulturero
ahíto de muertos y fantasmas no será
nunca bendecido por las brumas del olvido
a pesar del ardid de sustraer a la mirada
una de sus orillas, sus aguas innobles son
el abismo sin fondo donde se hunde
el dolor sin nombre.
Carlos Ardohain
Los pájaros ficticios
posados en sus jaulas de cuerdas
negando en silencio la existencia del aire
los ancianos implacables
con su helada parsimonia
licúan el tiempo de manera inexorable
las marcas en la roca
mudas cicatrices indelebles
de las heridas que produce lo eterno
Atención: la letra A parece
y ya se sabe, primero viene la letra
después la palabra
hay un sol negro debajo de los techos
hay un agujero donde debería estar el sol
una nube rosada sobrevuela un cartel
horizontal vertical escandalosamente axial
adónde va la tensión con tanta ortogonal
el ruido blanco que rodea las formas
se parece al silencio
el sol negro como un agujero invertido
hace girar a todas las formas en su lógica
de eclipse, si yo supiera cuánto frío
traerá su ausencia ni siquiera
lo diría, el trazo sobre el papel
el papel sobre papel, la huella
que recuerda el gesto
alimentan y conforman el paisaje
lo he tocado tanto que no necesito verlo
lo he tocado como si fuera ciego
con ganas de olerlo de llevarlo a la boca
de desarmarlo y hacerlo de nuevo
Siete sogas colgando de una rama
siete ramas del mismo lado del tronco
siete vírgenes niñas acariciando su cuello
con las manos ciegas de sombras
siete minutos antes de las doce
siete copas vacías en la mesa de la cena
siete camas deshechas cada una
con una mancha de sangre
siete heridas como siete bocas hambrientas
siete lobos transformados en hombres ocultos
siete años de maldición sobre cada casta
siete veces setenta, setecientas veces
siete vírgenes que gimen con todas sus bocas
iluminadas por la luna las niñas se hamacan
colgando cada una de su cuerda
sacándose la lengua
como frutos demasiado maduros
humedeciendo la noche
envolviéndose en el dulzor de la muerte
como si estuvieran jugando
como si pudieran volver a repetir el acto
como si fueran caperucitas acostadas
cada una con su lobo
y derramaran sus jugos secretos en las bocas
abiertas que las esperan allá abajo.
Estás adentro, de nada te valdrá doblar siempre hacia la izquierda, hay muchisimas paredes y ninguna puerta, tampoco tomes al pie de la letra lo de salir por arriba, el aire está contaminado.
Esta circulación es horizontal y corta, el mundo es ortogonal y abundante en circunvoluciones.Todos los estímulos son tan válidos como vanos, aquí lo único que importa es latir, esta circulación tiene todas las direcciones posibles, y las imposibles también, toda creación es mental, incluso tu cuerpo.
Puedes estirarte como una serpiente, puedes sentarte a mirar un punto fijo como un gato, puedes canturrear una canción de ronda, puedes bramar como un elefante en celo.
Puedes no hacer nada.
Este dibujo es el camino de tu vida.
Esta sombra no te pertenece del todo.
Este laberinto puede muy bien ser un espejismo.
a este blog le salió un brote, un nuevo blog en otro servidor, espero que crezca y tenga su propia personalidad, veremos si me da el cuero.
Para ir:
Cosas que no se pueden guardar en frascos
Un hombre que no es flaco
mira por la ventana el tramado de la ciudad
donde no tiene ningún sueño cumplido
visto desde atrás parece el espejo de Magritte
un hombre que no es joven
mira el cielo de la noche ausente de luna
donde caben todos los misterios
incluso aquellos en los que nunca ha pensado
un hombre que no es feliz
se pregunta cuánto falta para el final
como si el final le asegurara algo y no fuera
otra forma de vaciar lo que ya está vacío
collage sobre cartón, 34 x 30 cm, Carlos Ardohain
La luz deslizándose
por el borde romo de las rocas
por la superficie ondulada del agua
acompañando el descenso de la mirada,
el irse del día, la huida
de febrero
El agua resultante
del último cubito derretido del vaso de whisky
bajando por los oscuros corredores del tracto digestivo
en la madrugada del sábado
en medio de
una estricta soledad
Cosas que no se pueden guardar en frascos
La invención colectiva, óleo sobre tela, René Magritte