Paradoja
Toda la desolación del mundo
cabe en el pozo
que hizo el niño en la arena
para volcar con su baldecito
la inabarcable agua del mar.
Toda la desolación del mundo
cabe en el pozo
que hizo el niño en la arena
para volcar con su baldecito
la inabarcable agua del mar.
Una noche me arranqué el corazón y lo arrojé a los perros
pero los perros no lo quisieron
entonces lo recogí y lo guardé en una bolsa
y ahora lo llevo conmigo como un reloj
que marcha en cuenta regresiva.
Si el dinero es una clase de poesía
no está todo perdido para mí
podré pagar en palabras
el precio que no se puede comprar
cuando entienda la poesía de esa clase
dejaré de pensar en él, lo pondré
debajo de mi sombra como quien
guarda la llave bajo un tapete
construiré una casa con palabras
y un jardín y un árbol y arriba
del árbol otra casa
y en el jardín estará mi padre
y en la casa del árbol mi hijo
y en las palabras estaré yo
(*) Wallace Stevens, Adagia, 1957
un trabajo del gran Banksy que es todo un manifiesto.
Alguno de ustedes cualquiera de nosotros
sería capaz se atrevería a desarmar
de un golpe la insípida marea de los días
dar un salto abordar la magia por sorpresa
sería quizá una cosa conveniente
conocer los días del asesino posteriores
al crimen cuando el crimen perpetrado
fue cometido contra uno mismo
y el cadáver que cuelga de la soga
se balancea sonriente en el espejo del yo
no hay razón de ser no hay causa alguna
para este desamparo de la conciencia
esta geografía primigenia que espera ser hollada
la hora más feroz puede ser la más propicia
el eco sofocado del silencio puede todavía
hacer estallar el cristal de tu coraza
la luna del espejo la cáscara del cielo
para empezar a lograr que todo sea reverso
que se derrame en el mundo la sustancia del antimundo
y las cosas y la sombra de las cosas y la idea de las cosas
abandonen la apariencia de ser y sean en el todo
de una vez.
de "Las ciudades invisibles"
Magritte, óleo sobre tela
Era siempre igual
doble contra sencillo
simetría contra excepción
uno contra dos
movimiento lateral
del inodoro al bidet
la mujer de pierna única
de columna de babilonia
entra siempre sola
y espera al que vendrá
al intruso al invasor
al que llega a profanar
el que lacera el deseo
marcando la diferencia
el que siempre acaba mal
lengua contra frenillo
puerta contra ilusión
uno más uno dos
movimiento bifrontal
de la cama a la pared
las dos piernas de mujer
rodean al único varón
que entra contra su riesgo
de monumento vacío
un obelisco sibilino
en una madama consorte
larga lengua de la noche
en el camino de baba
el rabo en el vaso repleto
de jugos y secreciones
para volver a la tierra
tibia y húmeda matriz
enterrado de nariz
en ella siempre en ella
fragor de receptáculo
la piel para escribir
el deseo desplazado
la tensión desde el instante
en que sucede el fulgor
singular contra vulgar
ella contra el mundo
era siempre igual
piel contra papel
papel contra tijera
la mujer de piedra
arde de concavidad
sentimiento lateral
del bidet a la bañera
del corazón al espejo
de unidad a la mitad
del brillo al estallido
del estar al no querer
mujer de una pierna sola
torso de un solo brazo
hambre rojo sangre
darse vuelta adentro afuera
línea blanca la frontera
el otro contra yo
hombre que no hace pie
en ninguna superficie
al parecer lo posee
un don de elusividad
nada de esto es eterno
mucho menos el cuerpo
menos que menos
lo que tiene un final
no puede no tener principio
Nunca pensé ni lo pienso ahora
que caminar borrando las huellas
sirva de antídoto al perseguidor
en especial si es el mismo
que arrastra su sombra en el aire
como una bandera borrada.
Hay quien trata su destino
como un descuartizador elegante
que va dejando las partes seccionadas
como rastro en su viaje hacia sí mismo.
Todo camino se desanda en memoria.
(El cielo del idioma español, óleo sobre tela, 2003)
La bocina del auto de Francis Picabia
pintada en una tela de domingo
disfrazada de adminículo aliviador de mamas
pronto a volcar su contenido
en un cono giratorio en el cielo
del idioma español
tiene pretensión de cuadro glorioso
pero el intento termina en fracaso
y ahora tengo colgado el cuadrito
en una pared de mi living
acrecentando mi colección
de íconos autorreferenciales.
(Puente de La Boca, birome sobre papel, 2006)
puente es cosa quieta que sostiene el movimiento
la playa del puente de la pena
donde todo se va o ya se ha ido
es un paisaje mental en construcción
puente es promesa pero no tanta
la esencia del cruce consiste en los pasos
que doy que di que daré
en este ir y venir entre yo y el mundo
La chica burguer king con su goma de mascar
viene a sentarse a mi mesa
abre sus piernas sin ninguna discreción
y hace un guiño a todos los animales
que pasan por el otro lado de la vidriera
con su aire de plantita monocotiledónea
y su debilidad por el ornamento
juega a probar sus encantos sin tener
demasiado claro adónde termina el jugo
y adónde empieza la hiel.
La chica burguer king con sus medias de red
disfraza su condición de sola seduce a destajo
le gusta ser audaz y lo hace con intensidad
el color de su remera ceñida a sus pechos
repite la estridencia del logotipo del local
todas las miradas masculinas acampan ahí
y mi mesa ya le empieza a quedar chica.
Ella masca con la boca abierta habla
por celular manda mensajes de texto
yo la observo en mi universo blanco y negro
mente tablero de ajedrez
la rodeo la pienso la escribo la tomo en solfa
la toco un poco y no hay siquiera en el número dos
en el par consuelo alguno para esta
irreductible sensación de superficie
contundente como el reverso de un pozo.
Estos datos nuevos en mi mapa
atraen la atención como una escenografía
televisiva: las curvas del puente
parecen gigantescos labios de cemento
de una boca monstruosa que devora
sin hambre todo lo que la atraviesa
el aire mojado con las luces rosadas
y celestes de las letras del cartel del Bingo
la calle enmarcada por la brutal y absurda
arquitectura del cruce peatonal
el cielo tan bajo que incita a caer en él
provoca un vértigo circular de honda
preparando el vuelo de la piedra
yo tengo mi báculo en la mano
que es remo y timón al mismo tiempo
y flecha en el ojo del blanco
para transitar con serenidad
las cuadras que llevan a tu casa
que son tres y son trescientas
tan escasas y tan numerosas
que se corresponden necesariamente
con mi ansiosa lentitud.
Ahora esa mujer no habla
para qué si ya lo dijo todo en una noche
en la que descolgó sus lamentos como cortinas de lluvia
ahora esa mujer se abre como un libro
se deja leer escribir en el margen
en el fondo no le importa
su alma está volando
persiguiendo un misterio que siempre se le escapa
y así es todavía mayor
su propio misterio para mí
ahora esa mujer me lleva en la tristeza de su mirada
hacia el confín del aire
su silencio entibia el espacio que nos contiene
como a dos ejemplares en extinción
mamíferos errantes y desnudos
en la vitrina de la existencia.
murciélago de fantasía
Esta noche un solitario habitante de las paredes
se decidió a andar,
oh, murciélago de oro y azul,
bicheja
todo de luz y telaraña,
te vi de cerca,
vimos gotear tus orejitas
adornadas con brillantes.
Antiguo sacerdote,
tienes la iglesia
en el cerrado ropero,
pero, esta vez
te vi volar,
vimos tu sombrilla,
tu mantoncito infame
prenderse de la nada,
se oye tu murmullo.
Y espero muchas cosas
de esta noche
en que te decidiste a reinar frente a nosotros
mientras, afuera, el viento,
destruye los malvones.
Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004)
óleo sobre madera, 33 cm de diámetro (1990)
Dije que te quería
y tu sombra se puso
más oscura que la mía.
grafito sobre papel
La desconcertante luna color lila
insiste en proyectar su vacilante luz
sobre los escuálidos árboles de la plaza
como si pretendiera provocar
un efecto literario, cosa
que no consigue en absoluto
la escena tiene sin embargo
el clima de ciertas películas
japonesas de terror de clase B
sería tentador pero erróneo
hacer una analogía de la escena
con algún estado de ánimo
conocí a una persona que gustaba
de paisajes como éste
lo decía en broma lo hacía en serio
los colores subidos de tono fuera de gama
lo ponían especialmente locuaz
decía que en la vida hay que tener
un plan de acción que hay que tener
dos caminos para elegir que hay
que tener tres lugares para morir
una noche de luna llena eligió
uno de los árboles de otra plaza
se colgó con una media de mujer
de una de las ramas más altas
lo descubrió un mozo del bar
de enfrente a las seis de la mañana
casi se muere del susto casi
se pone a llorar de tristeza al ver
el cuerpo balancearse suavemente
en la bruma de la madrugada
entre los árboles y los gatos
que lo ignoraban con discreción
el mozo trajo un mantel, bajó
el cuerpo y lo envolvió con él
miró hacia arriba y le extrañó
ver que la luna estaba todavía alta
siendo que ya era pleno día
en eso empezó a sonar muy fuerte
la sirena de un patrullero
él volvió al bar, en la esquina del semáforo
un chiquilín hacía malabares
por unas monedas
Los hombres que esperan en silencio, sin pensar en nada
como quien mira un paisaje sin accidentes
esos hombres que serán la tierra de mañana
que pasaron sus vidas en la puerta de la ley
que sostuvieron con el lomo los cimientos del poder
y perdieron los dientes las esperanzas el amor
que fueron tratados como caballos mansos en el corral
deberían haber derramado alguna sangre
hubiera sido bueno para sus hijos saber
que ellos eran capaces de matar para salvar al inocente.