Blogia

tancarloscomoyo

una mujer de arena

 

En el barrio había varios baldíos cuando éramos chicos. Nosotros teníamos uno favorito y lo usábamos como canchita para jugar a la pelota, y también como centro de reunión y refugio. Pero un día lo cercaron con alambre y empezaron a contruir una casa, la mañana que descubrimos la invasión de nuestro territorio nos enojamos mucho. Fuimos con la pelota preparados para un partido y lo encontramos lleno de ladrillos, piedras y una montaña de arena. Nos dio mucha rabia, considerábamos que ese lugar era nuestro, pero igual seguimos yendo y jugábamos con los materiales de construcción, siempre a la tarde, después de que se fueran los obreros. Una tarde estábamos aburridos charlando sentados en ladrillos, el día anterior había llovido y la arena estaba húmeda, y empezamos a hablar de mujeres desnudas. En eso estábamos cuando Raulito dijo: che, ¿por qué no hacemos una mina en bolas con la arena? A todos nos pareció una idea buenísima y nos pusimos a hacerlo. Como yo era el que mejor dibujaba, quedé encargado de dirigir la construcción, y empezamos a formar volúmenes, a modelar el cuerpo. Desparramamos un poco la arena y preparamos dos montones, uno para el tronco y la cabeza y otro para la cintura y las piernas. Le dimos una forma un poco tosca pero cuando empezaron a aparecer los detalles fue mejorando. La cabeza y el cuello fueron fáciles, un cilindro y un óvalo con el pelo dibujado en líneas. Después los hombros y los brazos pegados al cuerpo y separados por una pequeña depresión. Uno dijo: che, hagámosle las tetas bien grandes, y todos dijimos: siiii. Le pusimos dos esferas que parecían pelotas de fútbol con un piquito en el centro a cada una, quedaron bárbaras. Después armamos el volumen de las piernas y lo unimos por la cintura, las piernas quedaron juntas pero separadas por una zanjita. Hicimos los pies y le dibujamos el ombligo más o menos donde nos parecía. Iba quedando terminada, pero faltaba algo. Alguien dijo: ¿y la concha? Yo dije: claro, la concha… Y ahí vinieron las discusiones. Que va acá, que más arriba, que más abajo, que vos no sabés nada, qué no voy a saber… y así, hasta que Raulito, con aire y cara de conocedor del asunto, se agachó, y tomó una medida con cuatro dedos desde el ombligo hacia abajo y marcó el lugar: es acá, dijo. Nos impresionó el profesionalismo de medir como si estuviera jugando a la bolita y desde el hoyo marcara dónde apoyar el bolón, de modo que nadie le discutió y, por las dudas que de verdad supiera, nadie quería quedar en orsai. Así que hicimos un montículo en forma de dos paréntesis, bastante grandes y en el medio le hicimos un agujero. Quedó como una empanada aplastada, pero se veía bien, en la parte baja de la barriga nuestra criatura lucía una concha flamante. Hasta le dibujamos pelitos con una ramita. Nos paramos para verla de lejos, orgullosos de nuestra obra. Entonces Raulito dijo: cómo se nota que ustedes no cogieron nunca. Nadie dijo nada, pero nos pusimos colorados, aunque no creíamos tampoco que él lo hubiera hecho. Y entonces dijo: vengan que les muestro cómo es. Se acercó a la mujer de arena y cuidadosamente se acostó encima de ella pero sin tocarla, apoyando sus manos en el piso y con los brazos extendidos. Entonces empezó a hacer movimientos con su cintura, tocaba con el pantalón la concha de la mujer y se apartaba, así muchas veces, hasta que pegó un grito y dijo: acabé, ya está. Y se levantó. Nos pareció un poco asqueroso y también me hizo acordar a la clase de gimnasia, cuando nos hacían hacer flexiones de brazos, así que pensé que debía cansar mucho y después dolería. No sabíamos qué decir, aunque uno dijo: andá mentiroso, si vos tampoco cogiste, pero no sonó muy convencido. Estábamos en eso cuando empezamos a escuchar los gritos de nuestras madres llamándonos a comer y salimos corriendo cada uno para su casa. Yo me quedé pensando y mientras comía me acordaba de la mujer de arena, acostada desnuda y sola en el baldío. Al final después de comer y mientras mirabamos televisión salí al patio y me escapé corriendo a la obra con un frasco vacío de mermelada. Entré en el terreno y la ví, me acerqué despacio y agarré la arena de la parte de la concha en dos puñados, la metí en el frasco, lo tapé y volví a mi casa, pero antes desarmé la mujer de dos o tres patadas para que no quedaran rastros, y también porque me daba impresión haberle robado una parte del cuerpo y dejarla así, incompleta. Después llevé el frasco a mi pieza y lo escondí debajo de mi cama.

 

un tal Felisberto

un tal Felisberto

atardecer

 

 

Me siento en la plaza con un libro que contiene veneno.

No leo, cierro los ojos intentando saber si lo que siento es melancolía, tristeza o simplemente soledad. Es verano pero hace frío, y me gusta.

Hay varios niños que dan vueltas al monumento en sus bicicletas con rueditas. Lo descubro de pronto cuando identifico un sonido que tengo en mis oídos desde que me senté y es el chirrido monótono del plástico de las rueditas sobre las baldosas del suelo. Pienso que debería alfombrar el piso desplegando mi tristeza o lo que sea, para amortiguar el recorrido de estos cachorritos que ríen o lloran con la misma facilidad con que mueven sus piernas para hacer girar las ruedas. Son como animalitos amaestrados felices en la repetición de sus rutinas.

Hay madres jóvenes que cruzan la plaza en diagonal, van a buscar a sus hijas a casas de amigas o vuelven con ellas en dirección al marido y la cena.  Hay viejos olvidados que se identifican con la llegada de la noche. Hay ignoradas Alejandras que ningún escritor rescatará nunca, y se adivina en sus miradas que ellas lo saben. Hay árboles que guardan silencio mientras los pájaros se acomodan en sus copas.

Me imagino todo esto y pienso en mi rostro, la rareza de estar con los ojos cerrados y anteojos puestos, como si necesitáramos aumento para mirar hacia adentro, como si una cosa reemplazara a la otra.

Hay una cierta paz provinciana en el fresco aire casi nocturno, hasta que de pronto un grito destemplado en la voz de una mujer corta la tarde como un tajo: —¡Pablo, sos un hijo de puta!

 

Oslo

 

Acá en Oslo

ocupo el tiempo

buscando anagramas

padre pared

imagen enigma

eres seré

acá en Oslo

donde no estoy

es casi siempre de noche

estar solo es igual

en todas partes

a veces tengo recuerdos

como si fueran fotos

árboles llenos de hojas

árboles desnudos

el sol como siempre

calentando el lomo de las vacas

 

 

 

es

 

mientras la tierra ofrece

sus cadáveres sagrados

en la mesa del tiempo

mientras todo eso

que parece casi nada

nos atraviesa

escribir es cosa del cuerpo

todavía

 

habitáculo

 

En este día singular

en que habito mi cuerpo

como un país desconocido

en el que cada cm3

cuesta más

de lo que puedo pagar

en esta orilla de frontera

sumergido en el agua del cielo

sacudo la memoria

para hacer saltar mi genealogía

en pedazos.

 

ayer y hoy

ayer y hoy

 

La Plata-Montevideo, 1981-2011, pintura-fotografía, registro de encuentros casuales,

¿el mismo señor?

 

 

impasse

 

 

Imagino una deuda

de amor impaga

un banco de sangre

anonadada por el miedo

imagino una fila

de personas mirando hacia atrás

adelante el horizonte

se ríe de nosotros

el sol brilla en un círculo

alrededor del cual

nadamos como náufragos

sordos a la voz del tiempo

imagino un espejo

fascinado con su función

el aire enrarecido vibra

en el borde del verano

mecido por las olas

del río más presuntuoso

dejo transcurrir una hora más

imaginando nada

 

 

 

go

 

Voy en un globo imaginario

de cartón de manganeso

de neón

hecho a mi medida

listo para llegar

al punto de partida

a la hora indicada

voy en cuestión de segundos

a encontrar la mirada

que devuelve el espejo

que no refleja nada

voy a seguir el rastro

que dejaron mis pisadas

que me llevaron lejos

voy a sentir que vengo

midiendo el tiempo

viendo el camino

que va

desapareciendo

voy saliendo

de la vaina

cambiando la piel

deshaciendo me

de la forma

voy a flotar de nuevo

en el sueño

primigenio

sintiendo mi latido

amniótico

voy a decir que sé

que siempre estuviste

ahí

alrededor y dentro

de mí

como si fueras yo

 

y o u

 

Si querés saber

si hiato o diptongo

miel o mostaza

ayer o mañana

cinturón o corbata

si querés decir

lejos pero cerca

duro pero suave

ancho pero fino

yin pero yang

si querés ser

viento pero lluvia

ahora pero aquí

mar pero montaña

tarot pero I ching

 

si uno y universo

todo y casi nada

silencio y también

palabra

 

si sí o si no

si vos o yo

hoy digo así:

you are me

 

registro

 

Dejo vagar mi mente

por encima del desencuentro

con la libertad de no pensar

intentando deshacerme de la forma.

Desde lo alto

veo la escena del cuarto:

dos cuerpos inmóviles sobre la cama

mirando girar el ventilador

en silencio.

 

urna

 

El cuerpo en el cajón de ceniza

impera en el silencio

más allá del tiempo

en el único lugar en que se puede ser

sin estar

 

ocaso

ocaso

el mensajero

 

Pasó por el laberinto, recorrió el caracol, golpeó los huecesillos con el martillo, se arrastró por el conducto y salió por el orificio de la oreja el gusano feliz, traía mensajes secretos de la corteza cerebral, dejó rastros de su paso de baba a lo largo de las circunvoluciones. No se sentía capaz de dividirse en dos y volver a juntar la cabeza con la cola, de modo que buscó la boca para hablar con alguien, bajó por la mejilla en diagonal y alcanzó los labios por la comisura. El cosquilleo repentino provocó un movimiento reflejo y brusco, la boca se torció un poco y de un certero mordisco le arrancó la cabeza al molesto visitante. La cara del gusano tuvo un gesto imposible que duró un segundo: una tonta sonrisa la adornaba mientras en sus ojos abiertos la sorpresa congeló el instante. El cilindro inerte cayó al piso chorreando un espeso líquido amarillento por uno de sus extremos.

 

Santoka

 

El poeta decide suicidarse

se acuesta sobre las vías

el tren frena a tiempo

los pasajeros enardecidos

lo muelen a golpes

 

celebración

 

El perro juega en el patio

con la cabeza cortada del cerdo

que la familia devora en el comedor

las cucarachas en la cocina

se preparan para un festín abundante

el gato en la terraza

observa impasible al cerdo sin cuerpo

en un rincón del patio

oculta por las plantas descuidadas

una rata tan grande como el gato

roe las pezuñas que robó de la basura

en el cielo nocturno explotan fuegos

cruzados por súbitas líneas negras

del vuelo nervioso de miles de murciélagos

en todas las casas de la ciudad

cada uno festeja a su manera

la llegada del año nuevo

 

año nuevo

año nuevo

acualizar

 

Desde la mansa densidad del agua

el barco silencioso me mira

con sus dos grandes ojos abiertos

en la quilla, alimentados

por la luz voraz del reflector

cuelgan ojeras de sombra

cayendo hacia el agua

no sé si estoy ahí

en el cono intermedio

entre dos reflejos

hay una fiesta policrómica arriba

pero suele ser un mal pasajero

que se escurre en dirección al día

no sé si estás ahí

en el centro de la desazón

hierática como una esfinge

este movimiento de superficie

apenas traslada nuestros cuerpos

de una orilla a otra

incesantemente

 

24–25/12/10

24–25/12/10

plateado

 

Soy un falso pez

bebo el agua en la que nado

el agua que me hace brillar