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tancarloscomoyo

¿escaleras?

 

¿escaleras? Sí, escaleras
para neutralizar los planos
inclinados de este laberinto
camuflado de jardín de piedra.

 

despertar

 

Hace un segundo estaba dormido y sin embargo tengo la certeza de que la conciencia de su cuerpo estaba tan presente en mí como ahora. Estoy pegado a ella, a su costado y la siento ocupar la cama como un territorio, un poco extendida en diagonal, yaciendo en ella como si fuera su madriguera. Cuando se mueve en sueños se arrastra sobre la sábana produciendo vibraciones en el colchón y me empuja despacio con su cadera. Abro los ojos y dejo deslizar la mirada por la firme columna de su cuello perfecto, me complazco al alcanzar la loma de su hombro delicadamente moteado de pecas, veo en la penumbra cómo la humedad imperceptible de su piel dibuja el contorno de sus pechos y sigo la línea de ese dibujo que sube en una curva leve para formar ese monte coronado en su cima con el fruto rosado de su pezón.
Me dejo ir en el placer de contemplarla en silencio mientras la luz empieza a entrar en el cuarto, me abandono en esa degustación. Me parece que sólo yo entiendo ese refinamiento de las formas, esa composición de planos y volúmenes, esa armonía de curvas y elipses, esa contundencia amable en su manera de ocupar el espacio. Hay en su sueño una entrega y al mismo tiempo una seguridad que envidio y amo.
Extiendo la mirada por el declive que baja de su seno, adivino la tenue presión de sus costillas haciendo sitio para el aire nuevo en el calor de su tórax y me elevo en el médano de su cadera. Casi puedo sentir en mi lengua el sabor agridulce de su piel en este límite, en el borde sinuoso que establece dos comarcas, dos reinos. De un lado la perfecta y blanca redondez de una de sus nalgas, la plenitud oronda de sí de una forma que se sabe impecable, cubierta de una levísima pelusa dorada que tiembla apenas en la vibración del aire. Del otro su contraforma, el descenso de una concavidad en ciernes, una parábola de ola en formación, una promesa de vértigo que se desliza hacia una mata de sombra, el montículo de venus, el breve bosque cálido que guarda y contiene todos los secretos, todos los dulzores y los apetitos, esa otra boca suya que sabe gritar en silencio, que se abre al más allá, que conoce el significado de lo que no se puede nombrar, lo que está antes de lo dicho. Me deleito en la inefable fragancia primordial que emana, en el misterioso halo que la circunda como una atmósfera privada. Recorro con mi mirada los pliegues, las cambios de color y de tono, las tenues humedades, la textura y la porosidad casi táctil. Parece haber ahí otra respiración, otro palpitar, una segunda vía de vida. Me cuesta alejarme de este centro magnético pero la dirección que marca su cuerpo me lleva a sus muslos y es entonces que ella cambia de posición, se contonea y recoge un poco sus piernas. Admiro la fuerza elegante, la maciza redondez que es capaz de sostener toda su belleza, la manera sutil en que se afina hacia abajo para confluir en el hueco de la rodilla, la magnífica resolución de esa forma que sintetiza armonía y eficacia y que se prolonga y se resuelve en los gemelos, en la delicadeza del tobillo, en la definición de unos pies deliciosos. 
Entonces el colchón vibra de nuevo, ella se mueve un poco más decidida, se pone boca arriba, se estira y se despereza, arquea su espalda y levanta un poco los hombros, gira la cabeza y me mira sonriendo, se sienta en la cama, se pone de pie, comienza a caminar despacio hacia la cocina. Yo me incorporo y voy detrás de ella viendo cómo abre el aire a su paso mientras me dice “Vení monono, vamos a desayunar”. Le adivino los movimientos, la veo —antes de que lo haga— inclinarse al lado de la mesada para servirme el alimento balanceado, para verificar si tengo agua fresca.

 

estío

 

Con  una temperatura tan alta como ésta
todo se descompone demasiado rápido
incluso las palabras proferidas
comienzan a oler mal antes de llegar a destino
son  como morder una cáscara sabiendo
que ningún jugo saldrá y aún así pensamos
en el agua como si estuviéramos en ella
nos creemos más livianos que el aire
pensamos que podemos cambiar las cargas
eléctricas de las nubes y caer a tierra
como una bendición, como algo anhelado
pero todo se reduce a motas de polvo, partículas
de materia seca por las que ni el pensamiento
ni el deseo pueden fluir porque apenas hay
un hombre solo una mujer sola una luz asesina
que los recorta y los reduce a meras figuras
que adornan el vacío de la ciudad en verano.

 

revista narrativas

revista narrativas

salió la revista Narrativas número 12, para bajar el pdf, clickear acá

hoy

 

Voy por el borde
donde no soy
anido en mi
yo epidérmico
tan intangible
casi parece
un efecto óptico
quisiera sumir así
disuelto en luz

 

eso

 

La mierda y la sangre
no mienten
no pueden
no deben no saben
ser otra cosa
que mierda y sangre
vida concreta

 

usual

 

En esta casa no hay paz
el viento ulula y no me deja
pensar con claridad en ella
debe estar dibujando mapas
de nuestra relación
pintando territorios con verde
marcando fronteras en rojo
y los ríos que alimentan la tierra
con ese celeste de lápiz escolar
¿es el peor o el más verdadero
de los lugares comunes
asociar los perros que aúllan a la luna
con el deseo por una mujer?

 

silencio (2)

 

El silencio del otro solo es verdadero silencio, solo existe de verdad cuando uno no piensa en él.
Pero es entonces cuando ese silencio, esa quietud de lago nocturno no tiene poder, no actúa sobre uno, porque uno no necesita que ese silencio deje de serlo, ni siquiera nota que existe. Entonces el silencio es perfecto para uno, pero en medio de uno y el silencio anida la soledad.

 

s/t

 

Soy un falso pez
bebo el agua en la que nado
el agua que me hace brillar

 

anagrama

anagrama

no dio

 

Puse a siete monjes a meditar
alrededor de mi concepto del dinero
pero ninguno de ellos era yo
y este procedimiento no dio frutos
el cuerpo estaba ausente
y el dinero no es un árbol
es una piedra sosteniendo el equilibrio
en un alambre de alta tensión

 

 

 

silencio

 

“Hay días en que tu silencio se me hace insoportable”. Escribió esta frase pensando en ella y dudó, no supo si enviársela en un mensaje de texto, en un mail o decírsela por teléfono. No se decidió por ninguna de las tres cosas. Más tarde la intención de hacérsela llegar se fue debilitando por lo que implicaría después, por todas las formas a las que debería recurrir para explicar lo que no tenía explicación, todos los intentos que deberia hacer para esculpir en el vacío un cuerpo con palabras, una forma que no se podía explicar más que por su ausencia. Y la frase no salió nunca hacia su destinataria natural. Ya hay tantas palabras en el mundo, cuál sería el sentido de sumar algunas más describiendo, repitiendo lo que millones de seres sentían y habían sentido antes, en  otros lugares, por otras personas de la misma manera, y habían dicho y escrito infinidad de veces.
De modo que la frase se hizo también reversible y de alguna manera hablaba de su propio silencio hacia ella, reflejaba una conducta especular.
Siempre escuchó decir que el dolor era sordo, pero a él se le ocurría que sería más preciso decir que el dolor era mudo. O sordomudo, en última instancia.
Y pensado esto decidió callar, o dejar de escribir, mejor dicho.

 

el instante de la luz

 

La nieve cae y una vez en el suelo
se ensucia se pone gris se vuelve
negra se derrite se mezcla
con la tierra el mundo
no es abstracto no es una idea
lo blanco dura un segundo
el instante en que la luz lo señala
luego ya se sabe se le pone un nombre
se lo invita a vivir se deja
de creer en él ya no refleja
el silencio cambió de lugar
miramos para otro lado esperamos
otra cosa que nunca llegará
el mundo no es un lugar es más bien
una presunción que nos resulta
estrecha o demasiado holgada
mientras tanto matamos a los animales
matamos a otros hombres matamos
el tiempo y no solamente el tiempo
cerramos los ojos pero lo que vemos no cambia
la tiniebla es la misma adentro y afuera
nos abraza y nos cubre como una piel
puedo ser yo puedo ser tú puedo ser él
puedo ser una voz que nadie escucha
como el monótono tintineo de la lluvia
como las gotas incesantes que caen del cielo
brillando apenas un segundo en el aire
el único instante en que la luz las señala.

 

A

A

obra de Joan Brossa

magia blanca

magia blanca

 

instrucciones para desarmar el paisaje:
sacar de su lugar la línea del horizonte
enrollar juntos el suelo y el cielo
atar el rollo con la línea
usar el rollo como catalejo para mirar a través de él
fijar la mirada en la última nube
que flota en lo alto hasta incomodarla
y lograr que se vaya
(las nubes son bastante tímidas)

 

 

 

 

 

obra de arnaldo antúnes

obra de arnaldo antúnes

sinfin

 

Quise tapar un agujero
pero después vi que no era
un agujero era un pozo
quise llenar el pozo
pero después vi que no era
un pozo tenía salida por el otro lado
era un túnel me interné en él
lo recorrí de punta a punta
salí y cuando estuve parado
lo volví a confundir con un agujero
quise taparlo pero después
vi que no era un agujero
era un pozo quise llenarlo
pero me di cuenta de que tenía salida
por el otro lado era un túnel

 

alagartado

 

Se despertó alertado por su propio aliento pesado, ronco, desconocido.
Abrió los ojos y vio su cuarto deformado, sintió el cuerpo zoomorfo, la aspereza de las escamas que rozaban el algodón de la sábana, en un segundo entendió todo.
Pensó: soy Samsa, y antes de escuchar fatalmente los golpes en la puerta se arrastró pesadamente hasta la ventana y se arrojó al vacío.

 

allá

 

Al fondo de la pampa
donde está la raya donde empieza
el cielo hay
un ocaso vencido
de colores imposibles,
la naturaleza también puede
mostrarse desesperada.

 

 

marcel duchamp en buenos aires

 

After Duchamp I

Antaño era la vanguardia
las cosas miraban hacia atrás
tantos objetos comunes
tanta generación rechazada
harta de acostarse con las damas
de la primera hora
en un retorno a la era preorinal.

La conversión radical
tiene su origen en el amor por las ideas impuras
lo que salva, ensalza y singulariza
es esa hermosa fusión de formas flotantes
esa crueldad deliberada
en la ausencia de una obra imperdible
la magia de crear algo ya destruido.


After Duchamp II

Para un objeto no hay nada peor
que otro objeto, las cosas aman
a los humanos, los necesitan y sólo
en su vecindad se sienten plenas,
tal vez a las personas les ocurra lo mismo.
La relación que existe entre cosa y persona
recuerda las flechas de los diagramas
y las valencias de las fórmulas químicas,
es una conexión abstracta, quizás esa frialdad acristalada
explique su eléctrica potencia, son los artistas
quienes mejor lo entienden, esa es la razón
de que una de las máximas estrellas
del arte de todos los tiempos
sea un mingitorio.