nada
No hay nada más elegante que el silencio.
Nada más intenso que el vacío.
El cielo desordenado
ve caer un nervio de luz.
Yo no estoy aquí.
No hay nada más elegante que el silencio.
Nada más intenso que el vacío.
El cielo desordenado
ve caer un nervio de luz.
Yo no estoy aquí.
El primer verso es corto
y claro en su poco decir
el tercero evoca a una mujer
sin necesidad de nombrarla
lo que sigue es introspección,
pensar en el tiempo, melancolía,
escribir unos versos que
contengan un secreto
y callen al llegar a nueve.
obra de Óscar Dominguez
Quizá no sea Narciso quien escupe en el espejo
sabemos que estaba enamorado de su imagen
pero ignoramos qué pensaba su imagen de esto
viendo día tras día hora tras hora el mismo rostro ansioso
cualquiera terminaría agotado y odiando esa rutina,
maldiciendo la dualidad y los misterios de la luz
cuando rebota en superficies pulidas y brillantes,
deseando cubrir al reflejado con sus encantos
abrazarlo con sus rasgos invertidos
y ahogarlo definitivamente en su propio egocentrismo.
El cuerpo flaco
salta entre la vida
y la muerte salta
entre dos pistolas pintadas
en la pared del suburbio
mañana quedarán los huesos
una dentadura incompleta
para identificar
la pose rocker del salto
denota un afán
abortado
de inmortalidad
Abre el día a los pies de la cama
la noche se invierte y se repliega
abre el día y yo resbalo
en esa incitación a la luz
el río de una sola orilla
ondula por todo lo ancho
estas nubes que pesan sobre mí
condensan en lo alto toda el agua
para lavar el aire de mañana
diafanidad
me abandono en la belleza
de las cosas que no se pueden tocar.
El jardín de los poetas
no es esa cosa rococó
que imaginan las señoras
a la hora del té
es una plaza seca y vacía
cruzada de sombras
un lugar preparado para un crimen
o un alumbramiento inusitado
un sitio donde volverse liviano
hasta horadar el cielo.
obra de Giorgio De Chirico
El círculo vicioso de Narciso
ha cambiado de signo en estos días
sigue siendo su imagen lo único que mira
y lo que lo tiene ahora fascinado es el odio
que esa imagen le provoca, como si
fuera un hombre santo y encarnara en sí mismo
todas las miserias de la época y la especie
como si fuera el último héroe con valor
para cortar los males del mundo de raíz
y asume su condena solipsista con la entrega
de un destino irrevocable, ejercitando
con desprecio el deporte de escupir en el espejo.
La mesa hembra y el macho pan
no se podían enmaridar
querían, pero no sabían cómo
harina y madera cambiaban
olores texturas calores
pero no encontraban el modo
el vino cercano sí sabía
pero no decía nada
de pronto un brillo en el aire
un súbito silbido cayó
el cuchillo atravesando el pan
clavando la mesa, volcando
el vino rojo, haciendo
la boda la misa la cena
con la virtud de su filo
inmediato sibilino vertical.
Enfocarse no en las cosas
sino en el espacio entre las cosas
apuntar al vacío
privilegiar el devenir
no el acontecimiento
despegarse de la cáscara cerril de los días
sentir la sed y saber
que nunca cesará.
Lengua que lame
la señal grabada
en la piel del
cuerpo amado
en la madrugada
Lengua no habla
tibio guante de saliva
dejando la huella salada
de su canto mudo
en el centro del mundo
me acabo de enterar que falleció el Búlgaro, el artista escultor que hizo este perrito.
Qué tristeza, cómo se va la gente...
Luis Freisztav (1954-2008) murió el 17 de julio.
El trazo panzón
de la parte inferior
de la a minúscula
soporta la vibración
que provoca la voz
que gime de dolor o de placer,
(sostenida a su lado
por la estoica h
que no dice nada
y deja pasar),
acompaña el trayecto
del aire en su curva suave
que proyecta hacia afuera
hacia adelante hacia el otro
el sonido que nace en uno
y necesita incluir
a alguien más.
Te deglutes en la espera
de las formas repetidas
en que se escamotea
el sentido
para romper el círculo
es preciso
meter las manos en la frente
muchedumbre de dedos
atrás hay más
lugar arriba hay
más lugar no
hay más que hurgar
En la ciudad pasan cosas así
mirar hacia el cielo una noche
de niebla cerrada y confundir
el reloj iluminado de la municipalidad
con la luna llena
trampas de la percepción
en la ciudad pasan cosas como
mirar desde un piso alto y ver
en la calle correr un río de metal amarillo
la protesta de los taxis en el centro
carros en ayuntamiento
en la ciudad pasan cosas como
el sol de la tarde explotando de brillo
el asfalto mojado color plomo claro
mirando desde el bajo
belleza fugaz
en la ciudad
una nube se puede estacionar
sobre el edificio más alto
que parece un barco
como si hubiera decidido
quedarse a vivir ahí
vienen y van personas urgidas
combinando rictus muecas
en sus caras de defensa urbana
en defensa propia y ajena
en la ciudad el dolor se construye
hacia arriba y cuesta lo que vale
la pena el metro cuadrado
en la ciudad pasan cosas
como ésta
ahora mismo
alguien me lee
Nocturno, óleo sobre tela, 80 x 40
obra de Duilio Pierri
Abrí los ojos y vi dos pájaros
volando en círculos sobre mi cabeza
pensé que era una señal de libertad
pero no alcancé a ver si volaban
en el sentido de las agujas del reloj
o al revés porque enseguida
cayeron sobre mí y con sus picos
me arrancaron los ojos de raíz
podía sentir en las mejillas
el roce de los nervios ópticos
chorreando sangre como una máscara
de carnaval mexicano
levanté mis brazos y el dolor
hizo que agitara las manos en el aire
como alitas de pollo como pañuelos
de despedida pero enseguida
las cerré y como una magia invertida
atrapé un pájaro en cada una
lo suave de sus plumas y sus cuerpos
calientes me enfurecieron y les arranqué
las cabezas con los dientes después
me puse una cabeza en cada cuenca
con el pico hacia afuera y así tuve
otros ojos nuevos capaces de cantar
y comer insectos ojos que pican
que se abren y se cierran a su antojo
que miran siempre para arriba
ojos que crían cuervos como si fueran hijos
que toman agua de los charquitos
que sueñan con dormir posados en las ramas
del árbol de mis pensamientos
ojos que imaginan que mi cerebro
es su cuerpo o puede darles un cuerpo
detrás del dolor de lo perdido
no somos uno no podemos serlo
estamos esperando una señal
en este cielo mutante un símbolo
que transforme la apariencia
en esencial que lave mis manos
manchadas de sangre cubiertas de plumas
que haga que mis ojos salgan volando
como si nunca los hubiera cerrado
como si siempre los tuviera abiertos.
La luz oblicua que rebota en los azulejos
hipnótica como el filo de una daga
dibuja un tajo o una frontera
con aire de escenografía hospitalaria
del lado de allá mi mirada perdida
depositó la incertidumbre, el desamparo
de este lado quedó mi cuerpo con sus apetitos
sus temores y sus vicios adquiridos.
Hay un enorme desajuste entre este pasillo y yo
pero decido fingir que todo está en orden
y para probarlo comienzo a contar mis pasos
mientras miro los pies que me transportan,
uno avanza el otro sostiene,
uno sostiene el otro avanza.
Flip flop, óleo sobre tela, 40 x 40